Nueve años pasaron desde el final de la tercera temporada. A lo largo de 30 capítulos habíamos seguido la historia centrada en Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen): la vimos ganar las elecciones y convertirse en pionera en el cargo de Primera Ministra de Dinamarca, seguimos deslumbrados cómo llegaba a su puesto de gobierno en bicicleta, armaba y desarmaba alianzas, un matrimonio, una vida. La vimos triunfar, perder, cambiar. Nueve años después, cuando parecía que la serie ya estaba terminada, llega una nueva temporada, ahora coproducida por Netflix. 

"Borgen: Reino, poder y gloria" es el título que sumaron a esta entrega. Birgitte está en el cargo de Ministra de Relaciones Exteriores cuando el hallazgo de petróleo en Groenlandia genera una puja de intereses locales e internacionales en el Ártico que le obligará a desplegar estrategias (algunas polémicas) para hacer equilibrio en su posición. El cambio climático, la independencia de Groenlandia de su "hermana mayor", la geopolítica global, la economía (claro) y hasta la presencia de un cuestionado empresario ruso son los elementos complejos que tironean en estos capítulos. La serie vuelve a dar en el clavo con un panorama de tanta actualidad que hasta parece adelantada. Según señala una nota de la BBC, llega a hacer mención de la invasión de Rusia a Ucrania aún antes de que sucediera.  

Una vez más, no podía faltar el rol de los medios como continuidad de la arena política. Reaparecen personajes, algunos secundarios y otros centrales como el caso de Katrine Fønsmark (Birgitte Hjort Sørensen). Después de ejercer de jefa de prensa de Birgitte, Fønsmark retoma el periodismo como directora del departamento de informativos de una cadena nacional de televisión. Ahí, con la distancia que le impone su rol, se enfrentará en ocasiones a Nyborg. Otra de las mujeres fuertes de estos episodios es la Primera Ministra. La sororidad, el mentoreo y otras aristas del feminismo se deslizan en la trama (quizás de forma menos original y aguda que otras cuestiones). La familia también tiene espacio y puntos de contactos con los acontecimientos políticos. La lucha de poder traerá costos profesionales y personales. 

Borgen empezó a conocerse fuera de su país de origen como una serie casi de culto y con su lucidez trepó hasta el podio de los dramas políticos que tienen a "The West Wing" como uno de los grandes exponentes y más abajo a otras experiencias que no lograron solidez como la versión estadounidense de "House of Cards". 

Parte del éxito se debe al carisma del personaje principal (en uno de los nuevos episodios dicen que cada vez que frunce la nariz al sonreír suma 20.000 votantes), a quien se la ve más agresiva en sus estrategias siempre ingeniosas. Bucea en los dilemas de cada decisión, que enfrentan a veces los ideales con las posibilidades. La serie muestra con inteligencia y matices las contradicciones, hipocresías, astucias y pérdidas en el detrás de escena de cada movimiento en el tablero político. 

Son diez capítulos (cada uno precedido de una frase que resuena en el sentido de la narración) y ya están disponibles en Netflix.