Un barco como metáfora. Un barco que también es un hogar y sale a enfrentar tormentas. Un barco de otra época que está quedando obsoleto. Una nave de lujo que navega en aguas de recesión. La nueva temporada de The Crown  toma el majestuoso Brittania  -que fue inaugurado por la Reina Isabel en los comienzos de su reinado y la acompañó durante décadas en sus travesías por los territorios de ultramar- como un símbolo del paso de los años. Como señal de un sistema oxidado que cruje con cada movimiento.  

Los episodios estreno, que llegaron a la pantalla de Netflix este miércoles 9, se adentran en una de las etapas más difíciles del reinado de Isabel. Al punto en que uno de los capítulos tiene por título "Annus Horribilis" y coincide con los 40 años de la monarca en el trono. Es la década del 90 y la corona suma decepciones y escándalos, con varios fracasos matrimoniales de los miembros de la familia real. Por supuesto, Carlos y Lady Di están en el ojo de la opinión pública. 

Entre los hitos que transita la temporada están incendio del castillo de Windsor, el llamado "tampongate" que revelaba escuchas entre Carlos y Camila, la visita de Boris Yeltsin a Gran Bretaña, la famosa entrevista a Diana y la transición de Hong Kong. La relación con Dodi y la tragedia de Lady Di quedarán seguramente para la próxima que ya está en marcha. 

Pero por supuesto, y en esto tiene la serie una de sus destrezas, siempre se buscan las disgresiones. Contar la historia desde nuevos ángulos, una mirada de reojo que a veces va a los detalles o a personajes secundarios para trazar el contrapunto con el conjunto. En esta temporada, por ejemplo, le dedica un capítulo entero a la historia de Mohamed Al-Fayed, el padre de Dodi Al-Fayed, y su valet; un largo preámbulo a la tragedia de los Romanov y unos cuantos tramos a la pasión del rey Felipe por las carreras de carruajes. Aunque hay quienes encuentran excesiva esta dispersión y lo atribuyen a la falta de cosas nuevas por contar, aportan la sensibilidad necesaria a una propuesta que se esmera por humanizar a los protagonistas. En algunos casos, sin embargo, cae en momentos casi propagandísticos como al destacar la labor del Príncipe Carlos para apoyar el talento de jóvenes de bajos recursos. 

Esta nueva entrega vuelve a hacer pie, además, en otro de los puntos fuertes de la tira creada por Peter Morgan: un elenco estelar. Imelda Staunton se pone la corona de Isabel y, pese a haber recibido algunas críticas por tener menor profundidad y brillo que sus antecesoras, hace un muy buen papel como la reina en una etapa menos vigorosa y algo más opaca. Sin duda, Elizabeth Debicki, quien interpreta a la Princesa Diana, tiene el despliegue suficiente a lo largo de los diez capítulos, el talento necesario y el carisma para ser una de las destacas en el casting. Jonathan Pryce se luce como Príncipe Felipe y Lesley Manville está soberbia como la Princesa Margarita, una de las perdedoras en la lotería del amor real, a quien por suerte le dedican un episodio. Algo menos acertada resulta la performance del excelente actor Dominic West como el príncipe Carlos, un poco por la distancia en porte físico con el monarca. Se puede ver en la tira al hijo del actor en el papel del joven Guillermo. 

Interpretar un momento histórico más cercano, del que hay tantos registros, es una ventaja pero también un desafío mayor en términos de actuación. "En el recorrido a lo largo de todas las temporadas de The Crown, este es el contenido más visual que tenemos de la Familia Real. En los 90 todo comenzó a ser filmado, y también fue el nacimiento de los ciclos de noticias de 24 horas, por lo que tenemos acceso a una cantidad increíble de contenido", dijo Elizabeth Debicki. 

En esta temporada la serie apunta una y otra vez como es cuestionado el rol de la monarquía, desde afuera y desde adentro de la familia real, con el impulso modernizador y las ambiciones de Carlos. Una de las escenas más cómicas y elocuentes -recordemos que es ficción-  muestra a la propia Lady Di llamando a un programa de TV que pregunta si la monarquía vale lo que cuesta. La princesa marca el "no". Y varias veces.

Cuando la reina Isabel II falleció hace algunos meses, el creador del programa detuvo la filmación por respeto. "The Crown' es una carta de amor a ella y no tengo nada que añadir por el momento", señaló. Ahora regresa y parece haber más por contar.  

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