De acuerdo al INDEC una familia de cuatro integrantes necesitaba en junio, al menos $104.000 para no ser pobre, y algo más de $46.000 para no ser indigente. Ese dato aún no tiene en cuenta la inflación de julio: 7,4%. Mientras, el Salario Mínimo Vital y Móvil es de $47.000: en el supuesto que ambos adultos de esa familia ideal trabajen, no superarían con ese monto, la línea de la pobreza. 

Para el 60% de la población de la EPH el ingreso medio es de $64.000. La brecha entre los hogares de los que más ganan y los que menos ganan es de 15 veces. Ese cuadro se completa con una creciente recuperación de la actividad económica y del empleo, que creció durante 17 meses consecutivos, y que estabilizó la tasa de desocupación en un 7%. Evidentemente lo que está mal distribuido es el ingreso.

Estos datos nos llevan a una conclusión dolorosa, hoy el principal problema del mercado de trabajo no es el desempleo, sino los salarios bajos. Y lo que es peor, tener empleo no es garantía para salir de la pobreza. Frente a ello, urge adoptar medidas para la recuperación del salario, y garantizar la comida en los hogares trabajadores. Por eso se torna imperativo que el Gobierno impulse el pago de una suma fija que beneficie a todos los trabajadores del sector privado y público.

Mitos y realidades

Sin embargo, de este lado de la grieta vienen noticias que nos alertan sobre la inconveniencia de una medida semejante, advirtiendo que ello podría esmerilar la negociación colectiva y el poder de las organizaciones obreras.

Ello no se compadece con la experiencia histórica.

Tal medida no es extraña para este Gobierno: lo hizo apenas asumido con el Decreto 14/2020 que reconoció el pago de una suma fija de $4.000 en el marco de la Ley 27541 que declaró la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social.

Tal norma impulsó la recuperación de ingresos de los sectores más vulnerados por las políticas socioeconómicas del macrismo, que se manifestaba en una profunda heterogeneidad y brecha salarial, al tiempo que buscaba generar mecanismos para facilitar la obtención de acuerdos salariales: el cuadro de sueldos entre pandemias del primer trimestre del 2020 nos demostró que con tales medidas no sólo se recuperaron los ingresos de los sectores más afectados, sino que ello impactó en el nivel y densidad de la discusión colectiva, la cual recién se resintió frente a los embates de la segunda pandemia.

Recordemos, "la primavera de la negociación colectiva" en nuestro país a partir de 2003, luego de 12 años de virtual congelamiento de los salarios y la no convocatoria al Consejo Nacional del Salario (CNS)  y de aplicación del Decreto 1334/91 que mutiló la negociación paritaria de todo atisbo económico. Esos instrumentos del "sadomenemismo" constituyeron la más formidable maquinaria conocida de distribución regresiva del ingreso.

Fue en ese marco que se adoptaron medidas contracíclicas para incrementar la demanda agregada (léase, poner plata en los bolsillos de la gente) y se dictaron una serie de decretos que reconocieron el pago de sumas fijas. 

Primero, en 2002 en el interinato de Eduardo Duhalde via decretos 1237 y 26741 y luego ya con Néstor Kirchner presidente con los 903, 392 y 1347 de 2003 y 2005/04. 

Fueron esas medidas las que crearon condiciones para discutir y recuperar salarios: la densidad de negociaciones creció exponencialmente, de los 76 acuerdos colectivos de 2000, a los 2038 de 2010.

Dichos decretos elevaron la base de las escalas salariales y junto al SMVM reconfiguraron las condiciones económicas de los acuerdos y convenios colectivos. No sólo incrementaron los básicos convencionales, sino que redujeron la brecha entre los que más ganaban y los que menos, e hicieron menguar la dispersión salarial entre sindicatos con mayor y menor poder de negociación.

Los aumentos universales por suma fija producen un impacto directo en la base salarial, porque benefician más a quienes cobran menos. No es lo mismo un incremento de $20.000 en quien gana $200.000, que en quien gana $50.000. Es claro. Pero también producen efectos favorables en la negociación colectiva, uno evidente al elevar los salarios de las categorías más bajas, y otro como efecto arrastre sobre las categorías superiore, aunque más no sea, para evitar el solapamiento de las escalas salariales.

También se debe señalar, como ya insinuamos, que no todas las organizaciones sindicales tienen la misma fuerza en la negociación, y que un aumento depende de su relación de fuerzas con el sector patronal.

La suma fija supera la discusión entre sindicatos fuertes y débiles. 

Y a diferencia del SMVM, que tiende a ser fijado con posterioridad a las rondas negociales, se establece con carácter previo, siendo un determinante del contenido de la negociación al establecer un piso salarial que luego debe ser adecuado a la norma convencional, y no a la inversa.

"Detalles" para no olvidar

Recordemos, en tiempos donde parece que la convocatoria al CNS está supeditada a la agenda personal de algún integrante no sindical, que el SMVM hoy no resuelve "per se" la dispersión salarial entre distintas actividades.

Su regulación actual difiere de la del texto original de la Ley de Contrato de Trabajo mutilada por la dictadura. La LCT original regulaba dos tipos de SMVM: el general, similar al actual, y  el “Salario Mínimo Profesional” (SMP), una suerte de “salario básico” para quienes no tenían fijado un “salario profesional” en su convención colectiva. Dicho SMP no podía ser menor al salario mínimo general, se fijaba por paritaria, pero si no había acuerdo lo determinaba el mismo organismo que fijaba el SMVM.

Recordemos que la recuperación del SMP como forma de resolver la dispersión y heterogeneidad salarial, tuvo media sanción durante el segundo gobierno de Cristina Fernández, y sanción completa durante el macrismo. Pero fue Mauricio Macri quien firmó el decreto 1283/16 que vetó el proyecto de Ley registrado bajo el número 27.331 que lo volvía a reconocer.

Pero esa, ya es otra pandemia.
 

(*) Abogado laboralista y docente