En un pais con  37,3% de pobres al finalizar 2021(y que por obra de la inflación todos los expertos acuerdan a que podria ser más, cuando se conozcan los datos de la incidencia de la pobreza y la indigencia en septiembre de este año) es difícil hablar de meritocracia, una palabra que recorre constantemente los canales de televisión, las oficinas públicas y los despachos privados.

En rigor, la meritocracia parte de la idea de que, en igualdad de condiciones, los que deberian triunfar son los mejores. La idea es tan simple, seductora y le quita tanta angustia a las clases medias y altas del mundo, que no hay partido politico en Argentina que no la defienda como parte central de su proyecto politico. 

¿Pero existe la meritocracia en un pais donde casi una de dos personas es pobre?¿Son pobres porque fracasaron, y quienes no lo son, lo lograron porque tienen mas talento, se esforzaron o más o simplemente tuvieron suerte?.

Lo cierto es que nuestra sociedad les hace creeer a los más de 18 millones de argentinos que son pobres que han fracasado, y que los que triunfan, lo han hecho por sí mismos, producto de su esfuerzo, y que merecen todas las recompensas recibidas. 

Pero un filósofo llamado Michael Sandel dice que eso no es así y cada vez más son los que le creen. Sandel, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Harvard y uno los mas populares entre los alumnos, los medios y los intelectuales de EEUU, afirma que la meritocracia es un gran problema para las sociedades actuales y que es una idea que “resulta corrosiva para el bien común”.

En su último libro "La tiranía del mérito: ¿Qué ha sido del bien común?" Sandel arriesga incluso que la meritocria es un mito porque las oportunidades entre ricos y pobres no son realmente las mismas, sino porque la desigualdad afecta al proyecto democratico, haciendo que donde la brecha entre ricos y pobres crezca de tal manera que vivan, por asi decirlo, dos realidades distintas. 

Sandel afirma que con los cada vez mayores niveles de desigualdad, ricos y pobres pasan a vivir vidas cada vez más separadas: los ricos mandan a sus hijos a escuelas privadas, y la escuela pública para los pobres (haciendo cada vez mas real eso de que los pobres "caen en las escuela pública", como señalaba el expresidente Macri).

Para defenderse del creciente delito, comienzan a contratar seguridad privada, dejándole en la cotidiano a las policias provinciales o municipales- fuerzas que desde hace años estan colpasadas- la seguridad diaria de los mas pobres; tampoco asisten a los cubles de barrio y asisten a clubes privados y usan sus  propios vehículos para desplazarse o alquilan transporte privado, descartando el uso del transporte público. Tampoco usan la salud publica ni los espacios comunes (plazas o parques).

La separacion de la vida que empezò en los años 90 en la Argentina con los countrys hoy es una realidad: la mayoria de la clase alta (y cada vez más la clase media) argentina vive en barrios cerrados o en el centro de las grandes ciudades, donde un M2 vale mismo que gana un trabajador promedio en 6 meses. 


Con estos niveles crecientes de separacion entre ricos y pobres en la Argentina, que incluye cada vez mas a la clase media, seria casi inocente esperar que la representatividad de los politicos en la Argentina no estuviera en crisis total. Pero no solo porque la clase politica, como la empresaria y la dirigencial en realidad, forma parte del estrato social mas alto. Sino por algo que Sandel señala con claridad: el problema de la meritocria es que los tienen éxito creen que se lo han ganado con sus propios logros, y tienden a pensar que los que se han quedado atrás -es decir, los pobres- son responsables de estar así.

Esta certeza no dicha, recorre tanto a los politicos del FDT como los del JXC, pasando por los libertarios o el FIT. En los hechos, aunque lo nieguen en privado, incluso los partidos de centro-izquierda creen en lo que Sandel llama "la retórica del ascenso": eso de que el exito es una señal de virtud es compartido por los progresistas de todo el mundo. Y aunque discuten con la derecha las partes mas molestas de la meritocracia -esa que dice que el  éxito no es producto de la suerte, la gracia de dios o de aquellos que te ayudaron sin recibir nada a cambio,como sostienen los libertarios- aceptan parte de la teoria. 

El filosofo americano advierte que el concepto de meritocracia sobrevive "porque es empoderadora. Anima a las personas a considerarse responsables de su destino en vez de víctimas de fuerzas que escapan a su control. Pero también tiene un reverso oscuro. Cuanto más nos vemos como seres hechos a sí mismos y autosuficientes, menos probable resulta que nos preocupemos por la suerte de quienes son menos afortunados que nosotros. Si mi éxito es obra mía, su fracaso debe de ser culpa suya". 

En un pais con 47 millones de habitantes como la Argentina, que permite que casi 18 millones de seres humanos sean pobres e indigentes, la idea de meritocracia es un refugio para cinicos o para gente que esta fuera de la realidad. Y no son pocos los que han relacionado las palabras de Sandel con algunas partes las 142 páginas de la exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio) del Papa Francisco, que suele afirmar que "sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión".

Algo que el propio Sandel, desde Harvard, podría rubricar sin ninguna duda.

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