Los mercados se adelantaron y los ADR festejaron ayer en Wall Street con alzas de hasta el 13% el anuncio de avance en el acuerdo entre la Argentina y el FMI, el cual podría llegar este mes tras la visita de este sábado de los equipos técnicos del staff económico del Gobierno a Washington, en donde se reunirán con los representantes del Fondo Monetario Internacional. En los mercados ya apuestan a que Argentina llegará a un intermedio entre el programa tradicional fiscal y cambiario del Fondo, aliviado por la ausencia de reformas estructurales en el régimen laboral y de privatizaciones que satisfacen al oficialismo. El triunfo de la ortodoxia light que contenta al mercado.

Una vez más, Argentina habla con el corazón y le contestan con el bolsillo: eso es al menos lo que creen los mercados, por eso la mejora en los papeles argentinos que cotizan en el NYSE. En realidad, en el Gobierno podrían presentar la negociación como un empate. Y es que, si bien el Fondo impondría parte del recetario común del organismo (ajuste del tipo de cambio, suba de tarifas y contracción del gasto público), lo que en los hechos sería algo parecido a las recetas de Macri, De la Rua y Menem, un acuerdo ortodoxo light implicaría para el oficialismo una instancia de gobernabilidad entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio con algunas características heterodoxas. Lo cierto es que, aunque los mercados festejan, el kirchnerismo podría no estar muy contento ya que en términos económicos traería pérdida del poder adquisitivo de los ingresos de las mayorías, con una reducción de la demanda interna provocando la interrupción de la reactivación económica. Algo que Cristina Fernández de Kirchner ya explicó y sostuvo en su carta. Sin embargo, es probable que el equipo de Martín Guzmán logre imponer algunas cosas de lo hecho por Duhalde-Lavagna-Kirchner. El ministro de Economía tiene la promesa de que Argentina empezará a pagar cuando se fortalezca el empleo y los ingresos en la base social, en un esquema que vaya más allá de la posición heterodoxa de estimular la demanda a través del gasto público. En rigor, Georgieva y sus técnicos tienen en sus manos el proyecto (que dicen que habría llegada a través del Vaticano) de sectores que generan mucho empleo y requieren pocos insumos importados, como la construcción y los textiles.

Pero el problema de Guzmán y compañía es a mucho más corto plazo. Y es que aunque las reservas totales ascienden a USD42.000 M, las netas (contemplando el oro y excluyendo los DEG y el pago de más de USD1.800 al Fondo del 21 de diciembre) se encontrarán por debajo de los USD4.000 M de cara a fin de año. De estas, un 90% es oro, un activo menos líquido que los dólares. Algunos señalan que es posible que se llegue a algún acuerdo con el Fondo antes del 10 de diciembre, cuando el presidente Alberto Fernández festejará dos años de mandato, pero en Casa Rosada todos lo niegan. Sin embargo, algunos funcionarios que viajarán a Estados Unidos. callan al respecto. Sobre lo que nadie se contiene en hablar es la corrección cambiaria que pedirá el FMI, ya que el el tipo de cambio oficial (que crece en torno del 1% mensual) está 25 puntos por detrás de la inflación desde inicios de año y pierde un 15% de su competitividad real desde diciembre del 2019. Algo que ni el Fondo ni el mercado de cambios parecen estar dispuestos a seguir sosteniendo.

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Ernesto Hadida

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