¿Y ahora qué? La novela de Elon Musk y Twitter llegó a su fin y el multimillonario cumplió su sueño de tener su propia red social. El acuerdo, que el viernes parecía lejano, se cerró este lunes en 44.000 millones de dólares después de que los accionistas se pusieran de acuerdo por la mañana. "Siii", tuiteó Elon Musk, acompañado de emojis de festejo y un comunicado donde destacaba que " Twitter es la plaza pública digital" donde podrá desarrollar al máximo el principio de libertad de expresión. Ahora la red social es privada y su dueño es un empresario excéntrico de actitudes polémicas y comportamientos inesperados. Ya tiene muchos cambios en mente, que podrían desembocar en la utopía de Elon Musk... o en un desastre absoluto.

En primer lugar, Twitter no quería que el CEO de Tesla se quede con la red social. De hecho, apenas Musk compró el 9,2% de las acciones para convertirse en el accionista mayoritario, apostó a sumarlo a su Junta Directiva con una cláusula para que no adquiriera más del 14,9% de los títulos. Ni lento ni perezoso, Elon Musk agradeció la invitación y hasta acordó sumarse, pero rápidamente se echó para atrás. Su plan era claro: convertirse en el dueño absoluto de la red social.

Presentó una oferta con una mejora sustancial —el equivalente a la deuda argentina con el FMI— para quedarse con el 100% de la red social y consiguió el financiamiento necesario mediante una serie de préstamos y 21.000 millones de dólares de su propio capital, que, para el hombre más rico del mundo, no es un problema. Twitter volvió a la carga con una "píldora venenosa", su última carta para frenar la adquisición, y fracasó. La compra fue definitiva, por un precio exagerado, pero definitiva al fin.

Los planes de Elon Musk

En el comunicado post adquisición, Elon Musk remarcó "el enorme potencial de Twitter" y ya anticipó sus primeros cambios a la plataforma: hacer que los algoritmos sean de código abierto para aumentar la confianza, derrotar a los "spam bots" y autenticar a todos los humanos. No son las únicas. Ya hace rato que planteó la idea de un botón para editar tuits, algo inédito para la red social, y hasta sugirió que podría convertir las oficinas de Twitter en San Francisco en un refugio para personas en situación de calle. Más tarde declaró que pensaba eliminar los anuncios de Twitter Blue, reducir el precio de suscripción y agregar Dogecoin como opción de pago.

Todos estos cambios pueden hacerse mucho más fácilmente ahora que la compañía es privada. ¿Pueden hacerse? Eso es otra cuestión. Como planteó The Washington Post, convertir a Twitter en esa plaza pública de libertad de expresión no es tan simple como parece. No será Elon Musk el que haga personalmente esos cambios para que la red social permita todo y se llene, como muchos predicen, de desinformación, comportamientos abusivos, mensajes de odio y pornografía, entre muchas otras cosas. Los encargados de hacer eso, en cambio, son los empleados de Twitter.

Y ellos son más progresistas e inclinados hacia la izquierda. Y no solo eso, las políticas de moderación de Twitter están más impulsadas por su base de clientes de tendencia izquierdista, las preferencias de los anunciantes que no quieren ofender a dicha base y las preferencias culturales de su personal subalterno progresista. Él puede ordenarles mediante comunicados y mails, pero no puede estar en el día a día y en cada operación, sobre todo con empresas como Tesla, SpaceX, Neuralink y The Boring Company en su dirección. 

¿Entonces? Según mensajes internos de la compañía a los que accedió The New York Times, hay reacciones mezcladas entre los más de 7.000 empleados de Twitter: muchos temen que la llegada del magnate deshaga todo el trabajo hecho en los últimos años, mientras que otros se declararon fanáticos del empresario y consideraron la compra como un cambio de aire necesario. Uno de los mayores temores es que Elon Musk no tiene idea de dónde se está metiendo, y se enfrenta a un mundo imposible de controlar. 

Twitter se ataja y los usuarios se mueven

Como primera movida, Twitter anunció que permitirá actualizaciones de sus productos, a excepción de que sean "cruciales". Cualquier cambio requerirá la autorización de, como mínimo, un vicepresidente. Así, previene que algunos empleados "se rebelen" mientras la compañía pasa de ser pública a privada. 

Más allá de los cambios dentro de la empresa, también hay movimiento entre los usuarios. Apenas surgió la noticia de que la compra se haría realidad, miles de personas anunciaron que se irían de Twitter antes de que se convirtiera en ese lugar donde, aparentemente, todo estará permitido. Y no serían los únicos en irse, sino que muchos anunciantes —es decir, la principal fuente de ingresos de la red social— ya estarían reconsiderando su presencia en Twitter debido a que no quieren verse pegadas a discursos de odio, comportamientos abusivos y excesos de todo tipo. 

Una cosa es comprar Twitter como si fuera un juguete con un quinto de su fortuna sabiendo que no ganará dinero, pero otra cosa es comprometerse a mantener a Twitter funcionando sin ingresos de anunciantes. En el último tiempo, la mayoría de las redes sociales tuvieron una tendencia a más control y moderación para mejorar, no menos. Elon Musk no es el dueño absoluto: los anunciantes tendrán, aunque sea, un poco de peso en las decisiones sobre la red social.

Los usuarios están divididos entre odio y amor y los anunciantes miran con dudas. Frances Haugen, la exempleada de Facebook que reveló los escándalos de la red social y los condenó a una imagen destruida, ya dio su opinión: "La censura no es la solución. Hay muchas incógnitas con Twitter, espero que Elon Musk  se incline hacia soluciones de seguridad no basadas en contenido. Las soluciones existen. Es hora de construirlas. Mejores redes sociales = sistemas de seguridad que escalan, para diversos idiomas y honran nuestra autonomía/dignidad".

En cambio, el exCEO de Reddit, Yshan Wong, se mostró terminantemente en contra: en un larguísimo hilo, dejó en claro que hay muchos ítems a tener en cuenta: la idea equivocada de libertad de expresión, la necesidad del control y la imposibilidad del debate surgen como algunas de las razones por las que Elon Musk se enfrentará a "un mundo de dolor" que desconoce totalmente.

El tiempo dirá si Elon Musk mejora a Twitter o se convierte en un déspota que adapta la libertad de expresión a sus preferencias —¿qué pasará con la cuenta que sigue todos sus movimientos y que él quiere eliminar?—. Hasta ahora, Twitter se mantuvo fiel a un solo concepto, no como Facebook o Instagram, y gracias a eso le fue bien. Ya sea de un lado o del otro, ya sean usuarios o anunciantes, ya sean políticos o accionistas, todo el mundo piensa lo mismo: "Elon, no lo arruines". 

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Santiago Basso

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