En los rincones de los suburbios de Inglaterra nació Belron, una empresa privada de reparación de parabrisas que disparó su cotización en miles de millones de libras sin despertar gran relevancia en la opinión pública. Desde 2017, la compañía subió su valor un 600% debido a un tipo de "acuerdo" que se está popularizando en el mercado de grandes capitales a nivel mundial. 

Lo más llamativo de estos acuerdos es que fueron consecuencia de una ola de efectivo que inundó los mercados privados durante la "larga era de bajas tasas de interés". Según el diario económico Financial Times, a medida que este periodo llega a su fin y se avecina una recesión, estos acuerdos se volverán más atractivos que nunca para los grupos de capital privado con empresas para vender.

Los analistas afirman que Belron es una compañía que están lejos de la imagen de "nueva empresa" que ofrece el capital internacional, a diferencia de Tesla, Amazon o Meta, ligadas al consumo de las nuevas plataformas digitales. 

En los últimos seis meses, los inversionistas le pusieron una cotización de mercado de 21.000 millones de euros, que la coloca entre las empresas más grandes de Gran Bretaña, con sedes en todo el mundo.

Una imagen del "Best of Belron 2022", en Barcelona

¿De qué se tratan estos acuerdos?

Los acuerdos son la forma de que los grupos inversores devuelvan efectivo a sus inversores originales dentro de un período de 10 años, sin la necesidad de cotizar empresas a compradores externos.  A su vez, crecieron en popularidad desde los primeros días de la pandemia, cuando el congelamiento del mercado provocó la búsqueda de nuevas opciones. 

Como toda inversión, también incluye riesgos, adeptos y retractores.  El director de inversiones de Amundi, Vincent Mortier, afirmó hace un mes que buena parte del capital privado "parece un esquema piramidal", debido a sus acuerdos "circulares" en los que las empresas se venden entre propietarios privados a valoraciones altas. 

A su vez, la Comisión de Bolsa y Valores británica reconoció que intentará reformar el mercado y exigir más controles, ya que algunos inversionistas comienzan a remarcar que estos acuerdos pueden servir para enriquecer a los multimillonarios a expensas de sus clientes.  

Un cambio estructural

En la industria del capital privado, venderse una empresa a sí mismo puede tomar múltiples denominaciones. A veces, se lo denomina "fondo de continuación", por la característica de que la participación en una o más empresas se vende de un fondo de capital privado a otro, ambos controlados por la misma firma. 

El año pasado se realizaron acuerdos por valor de 65.000 millones de dólares y en el mercado internacional esperan que ese número siga aumentando. “Es un cambio estructural, una adición estructural al ecosistema de capital privado, y está aquí para quedarse”, dijo Sebastián Burdel, socio de Ares. 

Belron, por ejemplo, operaba a nivel mundial bajo marcas como Autoglass y Safelite y fue valorada en 3.000 millones de euros en 2017, cuando el grupo estadounidense Clayton, Dubilier & Rice (CD&R) acordó adquirir una participación del 40%. En diciembre del año pasado, CD&R vendió una parte minoritaria de su participación a un trío de nuevos inversores: Hellman & Friedman, BlackRock y Singapur GIC. 

El acuerdo cotizó a Belron en 21.000 millones de euros, casi veinte veces sus ganancias y, aproximadamente, el doble de lo que CD&R había pagado originalmente. Luego, CD&R vendió el resto de su participación a su propio grupo inversor, que creó especialmente para poseer la participación de Belron, por la misma valoración.

Fondos secundarios: ¿maniobras fraudulentas?

Para comprar sus propias empresas, las firmas de capital privado suelen recaudar dinero de un grupo de inversores que se hacen llamar "fondos secundarios".  

Los fondos secundarios recaudan efectivo de fondos soberanos y de pensiones, las mismas instituciones que invierten en fondos de compra. Habiendo recaudado 78 mil millones de dólares en 2020 y 37 mil millones en 2021, los analistas de mercado afirman que "están llenos de efectivo". 

Muchos de estos fondos están a cargo de las propias firmas de capital privado, como Ares, Blackstone, Ardian, Carlyle y Ares. Sin embargo, a medida que el mercado crece, surgen múltiples preocupaciones sobre cómo funcionan estos acuerdos en la práctica.

Algunos analistas coinciden en que es inevitable un conflicto de intereses en estas transacciones. “Cuando todo esté dicho y hecho, resultará ser un mejor negocio para el comprador o para el vendedor, nunca para ambos”, dicen los que se resignan a este tipo de maniobras. 

A diferencia del caso de Belron, las firmas de capital privado suelen organizar acuerdos "de fondos de continuación" sin llevar a cabo un proceso de venta competitivo, lo que incrementa la sospechas sobre este tipo de ventas fugaces y multimillonarias