No nació en un garaje, lugar habitual en donde las ideas de muchos emprendedores de perfil tecnológico de todo el mundo se convirtieron en proyectos majestuosos. Ellos eligieron el desaparecido bar Down Town Matías, en la esquina de Reconquista y Viamonte, para comenzar a darle forma, hace veinte años, a uno de los unicornios argentinos, el primero del país con perfil de servicios tecnológicos.

En ese grupo de ingenieros soñadores estaba Néstor Nocetti, quien junto a Martín Migoya, Guibert Englebienne y Martín Umarán crearon Globant, una empresa nacional que tiene presencia en gran parte del mundo, que este año proyecta facturar más de USD1.700 millones y que emplea a 23.500 personas.

Dos décadas después, Nocetti ve el futuro con optimismo y asegura que Argentina tiene que valerse de la industria tecnológica para salir del pozo.

— ¿Qué empresa se imaginaban cuando comenzaron a diseñar en un papel, en aquel bar, lo que luego sería Globant?
— Desde un principio pensamos en una compañía que brinde servicios de tecnología, en una primera etapa, desde Argentina pero con una visión muy global. Siempre tuvimos como meta llegar a Estados Unidos y Europa, dando apoyatura desde el país y el resto de América latina. Los cuatro somos ingenieros, tres estudiamos en La Plata y uno en Tandil. Tiempo después, todos trabajamos en empresas de tecnología y veíamos el acceso y la demanda de talento latinoamericano que había en el exterior. Allí nos planteamos porque no podíamos hacer desde Argentina una compañía de servicios tecnológicos líder en el mundo. Pensábamos que teníamos que estar en todos lados y, al principio, comenzamos brindando servicios para nuestros clientes de Estados Unidos y Gran Bretaña. Después de las horas de trabajo en cada una de las oficinas en donde estábamos, nos juntábamos en el bar para pensar como podíamos aprovechar todo lo que aprendimos en las compañías en donde habíamos estado y como potenciarlo. Fue un esfuerzo largo y complejo, pero por suerte nos fue muy bien. Todos compartíamos esa visión de llevar el talento argentino al mundo. Ese era nuestro principal objetivo. Queríamos crecer lo más posible.

— ¿Qué cosas fueron quedando en el camino con respecto a ese primer proyecto que imaginaron?
— Por supuesto que fuimos cambiando en el camino. Este es un proyecto pensado hace dos décadas y en todos estos años hubo una serie de cambios tecnológicos que seguramente fueron modificando la idea original. Una de las distinciones que tiene la compañía es que a todos nos gusta mucho la tecnología y todos somos muy 'nerds': buscamos estar en la última ola y lo último que sale. Eso, nuestro cliente lo valora mucho. En ese sentido, hacemos hincapié en la formación interna para capacitar acerca de los nuevos avances que se pueden usar para nuestros clientes. Somos muy proactivos con respecto a los nuevos conocimientos y eso es muy valorado por quienes no contratan.

Desde el primer día tuvimos una visión de servicios y no de producto. La tecnología se divide en esas dos ramas y como ingenieros que somos pensábamos más en resolver un problema a nuestros clientes y que ese conocimiento quede en nosotros para, a su vez, poder usarlo para clientes futuros. Lo que nos diferencia de las empresas que desarrollan productos es que ellos lo hacen con tecnología propia y patentamiento propio y ese invento le pertenece. Lo que nosotros desarrollamos es de nuestros clientes. Últimamente, estamos explorando y haciendo algunos productos propios en base a lo que aprendimos brindando servicios. No es el 'core' de la compañía pero lo estamos implementando.

— Mirando para atrás, ¿puede identificar el hito más importante de Globant en estos veinte años?
— Hubo un momento clave que fue cuando ganamos una compulsa para ser los primeros proveedores externos que contrató Google. Eso fue un hito mundial. Competimos con otros proveedores estadounidenses, indios y mexicanos. Google dio por primera vez la tercerización de servicios a otra empresa y fuimos nosotros los elegidos. Fue súper importante. Ya teníamos clientes, es Inglaterra, pero eso nos dio otra escala y no posicionó frente a nuevos interesados. Era distinto cuando te presentabas a un cliente diciéndole: "miren, Google confió en nosotros y nos está contratando para darle servicio". Fue en 2008, cuando Google ya era tan fuerte coma ahora.

— En los últimos tres años tuvieron una fuerte estrategia de adquisición de empresas en distintas partes del mundo. ¿A qué se puede atribuir esta apuesta importante?
— Es parte de una evolución natural de las compañías. Nosotros, cuando éramos chicos y teníamos una fuerte presencia en Argentina, incorporamos algunas pequeñas empresas locales que nos traían sinergia. No nos daban clientes, pero nos sumaban talento que sabían de algunas tecnologías que todavía nosotros no teníamos tan desarrollada. Un click importante que hicimos fue cuando, después de salir a hacer la oferta pública en 2014, adquirimos una compañía en India. En ese momento, tenía 300 personas, pero veíamos en ellos una cultura similar a la nuestra, tanto por los procesos, la forma de trabajar y la manera de relacionarse con los clientes. La compramos para poner un pie en India y le dimos el potencial para que ellos, que se quedaron liderando la compañía, crecieran hasta llegar a más de 1.500 empleados. Después de un tiempo, cuando se retiraron los fundadores, siguieron creciendo y hoy tienen 3.000 personas. Eso fue un gran quiebre. Decidimos comprar y además abrir un nuevo mercado de talento.

— ¿Por qué ahora decidieron apuntar más a Europa para adquirir compañías?
— Europa es un mercado excelente para el outsourcing (tercerización). Nos apalancamos con talento de distintos lugares del mundo y armamos centros de desarrollo en esos países. Europa tiene el tema de la lengua. Si bien el idioma operativo en todos lados es el inglés, el idioma de la venta es el local. Si vas a vender a Francia tenés que hablar francés. Después, cuando estás operando, lo manejes en inglés, pero para vender hay que vender con el idioma local. Por eso necesitamos tener compañías de ese país y una forma lógica para avanzar es haciendo M&A.

— ¿Cómo analiza la escasa oferta de talentos tecnológicos que hay en el mercado laboral local?
— Más que un inconveniente lo veo como una oportunidad. El mercado es enorme. Hay muchos clientes que necesitan entrar a la tecnología. Latinoamérica y Argentina está en una posición ventajosa por la diferencia horaria y la geolocalización. Estamos a medio camino de Europa y Estados Unidos y hay un pool de talento enorme, poco explotado. La oportunidad se va a dar en la medida que la región se forme más en tecnología, algo que no se hacía. Ahora hay un buen foco en eso, se ve que los sistemas educativos están enfocados en desarrollar más la tecnología, muchas empresas trabajamos proactivamente también, dando becas o colaborando con universidades, y los gobiernos también lo ven como una oportunidad para generar trabajo para la gente. La tecnología es súper inclusiva tanto para los chicos como para las chicas. Hay mucha oportunidad para crecer en talento femenino que, por un tema cultural, no elige carreras de tecnología, pero no hay ninguna razón por la cual no pueda haber una relación en partes iguales entre hombres y mujeres que trabajen en la industria.

— ¿Comienza a verse el avance de las mujeres en las empresas de tecnología del país? 
— Hay mucho trabajo que se hace para inspirar a las chicas. Se dan becas en donde ellas tienen prioridad. De esa forma, se pueden desarrollar en diferentes espacios como programación, diseño o gestión de proyectos. Hay mucho lugar para poder trabajar.

— ¿Cómo vislumbra el escenario en el corto y mediano plazo a nivel país y en la industria en particular?
— Soy un eterno optimista tanto del futuro de Argentina como de la región. Tenemos una enorme posibilidad de generar empleo de calidad y federal. Algo importante es que la tecnología se puede brindar desde cualquier lugar en donde haya una conexión razonable de Internet e infraestructura, que no necesariamente tiene que ser de última generación. Hoy la gente pide trabajar en forma remota. Teniendo la demanda, el talento y la cultura que hay, tenemos que enfocarnos en una educación inclusiva y creo que hay una visión de las compañías que empujan para que se realice, lo mismo que las universidades y el gobierno. Esto recién arranca, pero soy un convencido de que Argentina tiene que apalancarse en la industria tecnológica para salir adelante.

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