El Estatuto del Peón de Campo, logro indiscutido de Juan Perón, fue elevado por la Secretaría de Trabajo y Previsión para consideración del presidente Edelmiro J. Farrell el 8 de octubre de 1944. Nueve días después, el 17 de octubre, fue puesto en vigencia por el gobierno revolucionario.

Dos fechas tan arraigadas a la historia del Peronismo como el 8 de octubre, que también es la fecha de nacimiento de Perón, y el 17 de octubre, un año antes de la histórica y gigantesca movilización de los trabajadores en defensa del que consideraban su líder.

Cuando dio a conocer su iniciativa, Perón afirmó: “Este Estatuto tiende a solucionar posiblemente uno de los problemas más fundamentales de la política social argentina (…) no es menor la esclavitud de un hombre que, en el año 44, trabajaba para ganar 12, 15 o 30 pesos por mes. Y esa es la situación del peón. Se encuentra en una situación peor que la del esclavo, porque a éste el amo tenía la obligación de guardarlo cuando viejo, hasta que se muriera. En cambio, al peón, cuando está viejo e inservible, le da un chirlo como al mancarrón para que se muera en el campo o en el camino. Es una cuestión que ningún hombre que tenga sentimientos puede aceptar”.

La puesta en vigencia del Estatuto del Peón de Campo generó un fuerte rechazo en la Sociedad Rural Argentina y en todos los sectores vinculados, económica o ideológicamente, a los intereses de los poderosos y a la defensa del “status quo” de explotación de los trabajadores sin ningún tipo de regulación o protección por parte de la ley.

Al respecto, Perón sostuvo una clara concepción. Así definía la situación antes de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión y la ejecución de su política de inclusión social y de protección de los trabajadores: “El Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber. Solo tomaba contacto en forma aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle, le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los gobernantes que la indiferencia adoptada antes las contiendas sociales facilitaba la propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia.”

Como contraparte al abandono de sus obligaciones por parte del Estado, afirmó Perón: “Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones".

El Estatuto que recordamos, establecía salarios mínimos y pautas de defensa del salario del peón y la estabilidad del trabajador, el pago en moneda nacional (era común el pago en “vales”), la ilegalidad de deducciones o retenciones, descansos obligatorios, alojamiento en mínimas condiciones de higiene, buena alimentación, provisión de ropa de trabajo, asistencia médico-farmacéutica y vacaciones pagas. Obviamente, todos “insultos” para la mentalidad de “patrones de estancia” que consideraban a sus trabajadores como entes y no como personas.

El Estatuto del Peón de Campo fue uno de tantos hitos obtenidos por la política de justicia social que impulsó Juan Perón. En diciembre de 1946, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 12.921, que ratificaba el Estatuto del Peón y, algunos meses más tarde, se aprobó la Ley 13.020 que reglamentaba el trabajo de cosecha.

Dice el Instituto Juan Perón que “El trabajador rural gozó de estas mejoras hasta 1980, momento en que la miserable dictadura genocida de Videla derogó la Ley aprobada en 1946 y la modificó, implementando un régimen de trabajo autónomo rural que, entre otras cosas, no fijaba una jornada de trabajo limitada, o sea que pretendía que trabajaran de sol a sol.”

En recuerdo al Estatuto del Peón Rural en Argentina, se estableció el 8 de octubre como día del trabajador rural. Y desde el año 2004, a través de una propuesta de la UATRE, se celebra el «Día del Trabajador Rural».

¡Feliz Día a todas las trabajadoras y los trabajadores rurales!

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