A los 91 años, pacíficamente según señala su familia, falleció en París el realizador Jean-Luc Godard. Esa es la noticia humana. Godard era el último sobreviviente de la Nouvelle Vague, el movimiento que cambió el cine (y el audiovisual en general) desde finales de los años 50, entre otras cosas gracias a películas como la opera prima de Godard, Sin aliento. En aquel movimiento hubo dos "facciones": aquellos que no ejercieron la crítica cinematográfica (Alain Resnais, Jacques Demy, Chris Marker y Agnès Varda) y quienes venían del ejercicio furibundo de la escritura crítica en la mítica Cahiers du cinema: Francois Truffaut, Claude Chabrol, Eric Rohmer, Jacques Rivette y el más influyente de todos, Godard. Esos textos influyeron incluso más que aquellas películas: la muerte del realizador de El desprecio marca un hito mucho más profundo que la sola efeméride.

Nacido en París en 1931, se formó en etnología y se convirtió en cinéfilo en la mítica Cinemateca Francesa creada por Henri Langlois, donde conoció sobre todo a Truffaut, a quien lo unió una gran amistad hasta una amarga pelea a principios de los años setenta. Ambos comenzaron a escribir en Cahiers bajo el ala de André Bazin y Godard fue quien acuñó algo mal comprendido siempre: la "política de los autores". El concepto de "autor" (decir que en el cine el realizador puede expresarse personalmente y con estilo propio en medio de una gran industria) fue un hallazgo de la revista. En un panorama -el cine francés- dominado por muchos que habían callado durante la ocupación francesa o hacían un cine más parecido a la ilustración literaria, Godard proponía seguir autores (especialmente de Hollywood) como forma de diferenciar el verdadero cine. Fue polémico y virulento, pero también el primero en destacar como artistas a gente despreciada como tal de la talla de Hitchcock, Howard Hawks, Frank Tashlin o Jerry Lewis. Contribuyó decididamente a definir qué es el cine.

Aunque hasta fines de los setenta fue un realizador (más o menos) narrativo que solía romper las reglas de montaje o de verosímil (esa ruptura siempre fue ostensible y servía no para desconcertar sino para comprender el por qué del filme) desde Sin aliento hasta La Chinoise (pasando por El Soldadito; El desprecio; Pierrot, el loco; Masculino-Femenino y muchas otras) fue radicalizándose primero políticamente (hasta, post Mayo del 68, radicalizarse y filmar clandestinamente como cabeza del grupo maoista Dziga Vertov) y, sobre todo, estéticamente, hasta lograr una forma caleidoscópica, de libre fluir de las imágenes (notable en Histoire(s) du cinéma, en Notre Musique, en Film Socialisme) que incluía estética y política a la vez.

Es difícil definirlo brevemente, pero Godard fue, en sus mejores momentos, un humorista o ironista. En los peores, un gran creador de frases célebres ("Todo film es un documental de sí mismo", "Para hacer una película bastan una chica y un arma") y, siempre, un apasionado que lograba planos bellísimos para ideas complejas. Se fue Godard, siguen las películas de Godard.

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Leonardo Desposito

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