Últimos días de la víctima

Una de las mayores películas argentinas de todos los tiempos es Últimos días de la víctima, de Adolfo Aristarain. Basada en una novela de José Pablo Feinmann, es la historia de un asesino por encargo (Federico Luppi), un tipo metódico, limpio, con absoluto control de su oficio; ético aunque su tarea es inmoral. Pero ese hombre va a entrar en un juego extraño con su próximo encargo, otro hombre, elusivo, al que sigue mientras varios hilos de la trama le despiertan sospechas. Metafórica, es también un campeonato de actuación (Luppi, Arturo Maly, Julio de Grazia, Soledad Silveyra, Elena Tasisto, Ulises Dumont y China Zorrilla, todos en gran forma). Hitchcock a la argentina.

La Mary

Esta película tuvo demasiada publicidad basada en la pareja que formaban, en tiempos de su rodaje, Susana Giménez y Carlos Monzón, ambos protagonistas (aunque la voz de él es la de Luis Medina Castro). Melodrama sobre la represión sexual y las creencias "de barrio", es mucho más de lo que parece. El gran Daniel Tinayre logra transmitir, con una enorme elegancia, lo que sucede en la mente de su protagonista (Susana Giménez, amigos, demuestra aquí un talento extraordinario, por encima de cualquier lugar común) y transforma este retrato social en una tragedia irónica a la que no le falta humor negro. 

Eva Perón

Muchísimo más que una biografía fílmica. Esta película de Juan Carlos Desanzo hace lo que toda verdadera biografía debería hacer: comprender al personaje en su contexto y mostrarlo con sus luces y sus sombras. La Eva de Esther Goris no es una víctima, no es una santa, no es un monstruo. Es todas esas cosas a la vez; y el Perón de Víctor Laplace está apartado de la hagiografía: es un ser de enorme peso político que debe también enfrentarse a lo cotidiano y a la propia tragedia. Para el debate sincero y un gran melodrama, también.

El bonaerense

Este segundo largometraje de Pablo Trapero es un filme criminal (recuérdese: en la Argentina hay más películas sobre cómo se comete un crimen que sobre cómo se resuelve) que recurre al esquema básico del director: un personaje que descubre en sí algo que no esperaba tras atravesar una especie de infierno propio. En este caso, además, es posible ver la transformación de Zapa, un cerrajero que "comete un error" en el cómplice de un comisario de la bonaerense. Con un trabajo absolutamente genial de Mimí Ardú, es una película tensa y brillante.

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