Sexto sentido

Sexto Sentido es de esas películas de las que no se puede contar el final. Ahora bien: es probable que haya visto este clásico, en ese caso, le recomendamos reverla. No solo para apreciar el virtuosismo de M. Night Shyamalan a la hora de disponer de elementos en la escena sin engaño alguno, sino porque lo que es en principio una película de terror (y lo es, sin dudas) se transforma también en un melodrama sobre el amor y la pérdida absolutamente conmovedor. La relación Bruce Willis-Haley Joel Osment es uno de esos duelos actorales que quedan en la memoria. El ambiente "a lo El Exorcista" ayuda al clima perfectamente melancólico del filme.

La furia

La Furia es una de las películas más olvidadas de Brian De Palma y por ciertos elementos (la telekinesis, la presencia de Amy Irving) es casi una secuela de Carrie, su filme anterior. Pero aquí el poder sobrenatural se mezcla con dos tramas: la manipulación política y las relaciones complejas entre padres e hijos. El elenco incluye dos trabajos magistrales: Kirk Douglas y, sobre todo, John Cassavetes interpretando una presencia demoniaca cuyo final es de los más catárticos y liberadores de la historia del cine. Un filme fácil de entender pero de ideas e implicancias complejas.

La mosca

Mucho más un melodrama con elementos de horror que una película "de miedo" propiamente dicha. David Cronenberg vuelve al ataque con su tema predilecto: la transformación radical del cuerpo humano mediante la tecnología. Pero ese monstruo viscoso en el que va mutando un perfecto Jeff Goldblum es, también, el objeto de amor, deseo o fascinación de una mujer cuyo terror procede del contacto con lo extraño. Una de las cimas del director que hoy, desgraciadamente, se toma demasiado en serio, pero en 1986 daba cátedra del género.

Exterminio

Hay que agradecerle a Danny Boyle su vocación por tomar un género o un tipo de relato y darlo vuelta como un guante. Aquí hablamos de zombies, pero estos son súper veloces, feroces, los "papás" de los de Guerra Mundial Z y otros ejemplos. Sin embargo, lo mejor de la película además del trabajo de un desconcertado CIllian Murphy es esa Londres desolada, esa idea de mantener la normalidad cuando lo extraordinario e inesperado golpea sin aviso (en eso y en algunas cosas más es un filme bastante profético). 

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Leonardo Desposito

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