Una de las cosas buenas que tienen las plataformas es que, en su afán de tener contenidos, han incorporado muchísimas películas que no tuvieron estreno comercial en salas en nuestro país. Y muchas de ellas merecían haberse estrenado. Incluso con éxito. Pero la ceguera del distribuidor y el exhibidor hace que nos perdamos de una gran cantidad de filmes que valen la pena. Revisando la grilla de HBO Max, una de las mejores en cuanto a cine por lejos, aparecen unas cuantas de estas joyas ocultas. De las que vamos a recomendar, solo una es un telefilme (que en algunos países tuvo estreno en cine, de paso). Las demás tenían destino de pantalla grande.

Empecemos riendo. Aventuras en la Casa Blanca es una sátira política ambientada en medio del escándalo Watergate que dio por tierra con la presidencia de Richard Nixon. El filme gira alrededor de dos adolescentes (Kirsten Dunst y Michelle Williams, muy chicas ambas) que sin querer descubren el espionaje ilegal en los cuarteles del Partido Demócrata, vecinas ellas al edificio Watergate. Terminan paseando e perro de Richard Nixon (un gran trabajo de Dan Hedaya) y una de ellas hasta se enamora y tiene sueños erótico con él. Terminan, desengañadas, destrozando al Presidente. En el asunto caen desde el periodista Bob Woodward (interpretado por Will Ferrell, miren el elenco) y un idiota llamado Chip (Ryan Reynols). Una locura.

Hay un gran guionista y realizador en Hollywood llamado Shane Black cuyas películas de parejas desparejas incluyen siempre a un niño y se ríen de la novela negra. Escribió El último Boy-Scout y Arma mortal, y dirigió además Iron-Man 3 (joya) y Dos tipos duros (joya). Arrancó con una gran comedia negra y policial sobre Hollywood llamada Entre besos y tiros, donde se sacaban chispas Val Kilmer y Robert Downey Jr., y que está dentro de las obras maestras escondidas de las últimas décadas. Casi una biografía de Downey, de paso, en la que el actor no tiene ninguna vergüenza de desnudar sus propias debilidades (algunas de las cosas que le pasan salen directamente de su anecdotario como adicto).

Otra opera prima es El gigante de hierro, del realizador que nos daría luego Los Increíbles y la obra maestra Ratatouille. Brad Bird hizo esta adaptación de un cuento infantil en animación tradicional, que trata de la amistad entre un niño y un robot gigante extraterrestre en plenos años cincuenta de ciencia ficción clase B y paranoia anticomunista. Es una película divertida y profunda, por momentos de un despliegue visual asombroso al que nunca le falta corazón. De lo mejor que dio el género en los últimos veinte años y ya un clásico rotundo.

También es animada, pero no para ver con chicos, Cowboy Bebop-La película. La serie es quizás de lo mejor que dio el animé (está entera en Netflix, pero no vean la "versión con actores" si no quieren entrar en coma por vergüenza ajena) y cuenta la historia de un grupo de caza recompensas en un futuro donde los pueblitos son planetas enteros. Aquí hay una historia de suspenso y terrorismo que es solo la cáscara de otra, íntima, de amor y desencanto. El final está entre lo más bello que hizo la animación japonesa en años. Y cada personaje está cincelado alrededor de una humanidad única, entre el drama y el humor.

El único telefilme de la lista: La segunda guerra civil. Responsabilidad de Joe Dante (el hombre que inventó a los Gremlins, un genio del cine), es la historia de una segunda secesión en los EE.UU. causada porque un gobernador racista del sur (pero con amante mexicana embarazada) no quiere que refugiados europeos sean alojados en su Estado. Todo es un crescendo de imbecilidad política (el presidente interpretado por Phil Hartmann es quizás la mejor parodia de Bill Clinton) que lleva, finalmente, a un hecho violento y trágico. Pero nunca deja de ser divertida y feroz, como buena sátira.

Selena es una historia aparte. Es la biografía de la cantante chicana que resultó un enorme éxito en los Estados Unidos, interpretada por una Jennifer López en estado de gracia absoluta, casi idéntica a la real, asesinada por una fan. Pero es mucho más que eso: en los Estados Unidos hay desde hace tres décadas un movimiento de "cine Chicano" (Edward James Olmos como actor y productor y Gregory Nava como director son los nombres más conocidos, ambos en tales funciones en esta película) que narra las dificultades y choques culturales de los emigrantes mexicanos en los EE.UU. Selena es, en ese sentido, no solo parte de esa tradición sino además la película más exitosa del movimiento. Pero es, además, un musical biográfico en toda regla, con una banda sonora arrasadora que demostró que la López podía cantar. No solo eso, sino que le dio a la Jennifer su primera nominación al Oscar. Increíblemente, y a pesar de sus virtudes, aún es una película casi secreta.

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