Por Gerardo Prat

*Especial desde Hollywood para BAE Negocios

Es este uno de los temas que ocupa las agendas de los estudios de Hollywood, y que crece día tras día. Así como un par de décadas atrás cobraban fuerza las medidas antidiscriminatorias, ahora, la insignia DEI (acrónimo de Diversidad, Equidad e Inclusión) es el foco bajo el cual nadie quiere quedar sobreexpuesto. Y en el caso de la industria del cine, y de los latinos en particular, es un claro ejemplo de lo complejo que es poner en práctica políticas claras y consensuadas.

Esta sana tendencia tuvo, quizás, un antes y un después con el movimiento “Oscars So White” que, como resultado de décadas de exclusión y negligencia del establishment de Hollywood, hizo erupción en 2015 con la 87ma edición de los Premios de la Academia.

En 2015, todos los actores y actrices nominados al Oscar eran caucásicos.

Tras él, no tardaron en aparecer ciertas medidas, auto impuestas y nunca del todo justas, en pos de la diversidad. Y fue en 2020, cuando, una vez más la mayoría de las nominaciones a los Oscars pertenecían a anglosajones o estratos hegemónicos de la sociedad, que el volcán volvió a estallar.

La Academia comenzó a imponer medidas para diversificar tanto a sus miembros como a los que hacen las películas y participan de ellas. Así se anunció que para 2024, las cintas que quieran competir deberán cumplir con ciertos “cupos” que representen a la sociedad en cuanto a grupos étnicos, discapacitados, LGTBQ+ y otras minorías.

La crítica a los cupos en Hollywood

Como suele suceder, los conflictos saltaron a la superficie, sobre todo en cuanto a la representación de los actores en pantalla, el aspecto más sensible de este asunto.

Aquellos que se oponen a la “imposición” de cupos argumentan lo siguiente: “El criterio de selección debe ser el talento para representar fielmente un papel y no el origen étnico o la auto percepción del actor”.

Y los que apoyan esta tesis la respaldan con hipotéticos casos o muy concretas preguntas:

  •  “¿Qué ocurriría si se exige, por ejemplo, que haya un diez por ciento de actores latinos en una película del mercado general pero, en una situación determinada, no hubiese suficientes actores con las características necesarias para representar fielmente dicho proyecto?”.
  • “¿Puede la imposición de cuotas limitar el aspecto creativo de una obra cinematográfica?”.
  • “¿Representaría esa coerción previa una amenaza, o al menos un límite, a la comercialización del producto?”.

En definitiva, esta corriente cree, en el mejor de los casos, que los cupos deberían “sugerirse pero no imponerse”.

El tema no es simple, y todos los argumentos presentan un cariz de validez. Lo que pueda ponerlos un poco más en perspectiva tal vez sea el propósito de los eventuales cupos… y su plazo de instrumentación.

Hablamos con altos ejecutivos involucrados en la selección y management de actores, con showrunners y productores (todos expertos en el tema de talento hispano en Hollywood), con el objetivo de entender cuáles son los problemas y las soluciones de castear latinos en “la Meca” del cine.

El nuevo “Glosario” del latino

El primer tema importante para los que toman decisiones en la industria es aclarar qué es un “latino”. A primera vista parece algo demasiado simple de establecer, pero es todo lo contrario. Y los altos ejecutivos (incluso hispanos) se rascan la cabeza cada vez que quieren definir el término. Hace apenas unos meses, Gloria Calderón Kellett, reconocida productora y showrunner de series latinas como One Day at the Time, nos decía:

“Hay un glosario que está en proceso de formación: 'Hispano' es aquel nacido en España o que habla la lengua española. 'Latine' es alguien que viene de Latinoamérica ('Latinx' no se usa porque esa 'x' es difícil de pronunciar en español)”.

Norman Lear, Justina Machado, Mike Royce, y Gloria Calderón Kellett.

Sin embargo, esta semana, un alto ejecutivo de casting, que prefirió no dar a conocer su nombre, nos dijo: “Créeme que esto es un dolor de cabeza”, y enumeró un nuevo set de nomenclaturas que está barajando su estudio. “Ya se está hablando de otras categorías: 'Latino Tradicional' (aquel con rasgos indígenas); 'White latino' (el que viene de España; o de Latinoamérica, pero con mayor influencia étnica europea); y el 'Afrolatino' (proveniente del Caribe)…”.

"'Hispano' es aquel nacido en España o que habla la lengua española. 'Latine' es alguien que viene de Latinoamérica ('Latinx' no se usa porque esa 'x' es difícil de pronunciar en español)” -  Gloria Calderón Kellet

Porcentajes, plazos, pareceres

Y este sería solo el comienzo, porque prometimos hablar de los cupos. Y al respecto quisimos saber: “¿Cuántos latinos se necesitan para armar una película o serie en Hollywood?”.

Una vez más, la voz de Calderón Kennett resuena en nuestros oídos: “Somos el 5% de lo que se ve en TV, mientras ¡constituimos casi el 20% de la población estadounidense! Eso está mal. Y te aseguro que de ese 5%, los papeles ampliamente mayoritarios son de gangsters, narcotraficantes, o madres llorando”.

Nuestro ejecutivo de nombre reservado arroja luz sobre esta regla (aún) no-escrita:

“Si hablamos del cast general (o sea, de los ´papeles regulares´ para abajo) sí, tenemos la responsabilidad de contratar talento en cantidades representativas de la sociedad. En el caso de los latinos, tratamos de que haya un 5% en cada serie o película. No es una norma obligatoria, pero sí un parámetro interno que tratamos de cumplir”.

Y todo indica que deberán hacerlo paulatinamente; al menos, si quieren que sus producciones califiquen para los Oscars en un futuro próximo.

“Es cierto –continúa nuestro entrevistado– que es necesaria cierta cantidad de proyectos étnicos y representativos de la sociedad. Por ejemplo, 'Gentefied', en el caso de los latinos; 'Pose', para la comunidad LGTBQ+; y otros que se producen para la comunidad negra. Pero a la hora de elegir qué serie o largometraje se produce, no se aplica ningún ´cupo´. Los proyectos en sí, se eligen con un criterio comercial y creativo".

"Y, la verdad, hacen falta más proyectos latinos que no sean del típico narco, el indigente, etc. Luego, si hablamos de la selección de actores principales o regulares, tampoco hoy se busca un cupo de diversidad. Hay programas segmentados que son puramente latinos y donde, obviamente, casi todo el cast es hispano. Pero en los proyectos del mercado general, el criterio utilizado es ´cuál es el actor que castea mejor para el personaje´. Y por ahora, a pesar de las presiones de ciertos sectores de la industria, no hay una política que dicte que el origen natal del actor deba coincidir con el del personaje” resume el directivo.

De hecho, históricamente existe una regla en el Sindicato de Actores (SAG, por sus siglas en inglés), según la cual un productor no debe preguntarle a un actor cuál es su origen o su identificación sexual. Pareciera que, ahora, esas “presiones de ciertos sectores” buscan reescribir esta norma en nombre de la igualdad. Es un fenómeno extraño si no paradojal, ya que, en pos de la diversidad, de alguna manera ¡se estaría luchando contra la anti-discriminación!

La inequidad, a la altura del bolsillo

Pero avancemos hacia otro problema, el de los presupuestos y salarios. Hay mucho menos presupuesto en un proyecto puramente hispano que en uno mainstream, donde los actores son mayoritariamente blancos. Esto ocurre incluso en las networks, que usualmente tienen más dinero que las plataformas de streaming. La razón es que estos proyectos de minorías, en los que el público es más acotado, son menos rentables, y por lo tanto los actores cobran menos.

Pero si comparamos los salarios de los actores latinos con sus colegas anglosajones, cuando el proyecto o la situación son similares, los resultados son preocupantes.

Según reporta la publicación PopBuzz, una actriz blanca como Millie Bobby Brown recibe una paga de $30 mil dólares por episodio de Stranger Things, lo mismo que su compañero negro Caleb Mclaughlin; Milo Ventimiglia recibió $85 mil dólares por episodio de This is Us; y Ellen Pompeo llega a los $225 mil por cada capítulo de Grey´s Anatomy. Y, por supuesto, el caché sube mucho más si hablamos de celebridades “Lista A”.

“No es fácil estipular salarios de actores –dice nuestra reservada fuente ejecutiva–. Todo es negociable. Pero, si comparamos ´manzanas con manzanas´, los actores latinos ganan menos que los blancos o los negros. Si hablamos de series mainstream, muchos actores establecidos, con papeles regulares, ganan en promedio $60 a $80 mil dólares por episodio. Mientras que un actor anglosajón o afroamericano puede comenzar en esa cifra desde la primera o segunda temporada, uno hispano con la misma trayectoria, empezaría en $30-$40 mil, y llegaría a los $60-$80 mil en la quinta o sexta. Y para ese momento, el blanco ya estaría en $120 mil".

“No es fácil estipular salarios de actores. Pero, si comparamos 'manzanas con manzanas', los actores latinos ganan menos que los blancos o los negros"

Y concluyó: "Por supuesto, hay excepciones, y la buena noticia es que en estos últimos dos años, los managers de actores hispanos están haciendo un gran trabajo, y cerrando cada vez más esta brecha”.

Poder latino

El fundador de una compañía de management que representa a muchos actores latinos de renombre en Estados Unidos –quien también prefirió que no mencionemos su nombre para hablar con más libertad–, nos revela una experiencia asombrosa:

“Hace unos años, Sony Pictures y CBS quisieron contratar a uno de nuestros actores latinos para un papel regular en una serie mainstream. Él no había trabajado nunca en los Estados Unidos, pero es una súper estrella en México. Nos ofrecían $15 mil dólares por episodio. Teniendo en cuenta que ni a los niños se les paga eso, respondimos que la oferta era una falta de respeto. Otros actores no-latinos, calculo, estarían cobrando el triple o el cuádruple. Pero lo que más nos indignó es que nos decían: ´Sabemos que en México no se gana eso y él nunca ha ganado eso en su vida, así que debería estar muy feliz´. Al final pudimos lograr un buen acuerdo, pero a costa de una pelea terrible”.

La biopic de Selena, en Netflix, tuvo notable repercusión.

En nuestra intención de seguir desbrozando el tema, encontramos que en los salarios, también influye cómo se negoció el proyecto en su origen. Según un reporte del LA Times, Selena: The Series fue ordenada por Netflix como una producción “original para Latinoamérica”, en lugar de un “US Original”. Con esto se logró acordar un presupuesto de $2 millones por episodio. En comparación, y según informa el matutino, The Crown recibió $13 millones por capítulo, solo en su inicio.

Un ejemplo similar fue el de la serie Súbete a mi moto. En ambos casos, los cachés de los actores regulares, fueron de alrededor de $5 a $7 mil dólares por episodio. Pero luego, los derechos de ambas producciones se vendieron para los Estados Unidos. Los actores no solo cobraron poco; además, como no intervino SAG, no tuvieron derechos a regalías y otros beneficios propios de los proyectos de sindicato.

La contra crítica

Tanto los criterios de selección de actores como la inequidad de salarios son datos valiosos a la hora de reflexionar sobre si deberían, o no, imponerse cupos de hispanos en las producciones de Hollywood. Y al respecto ya puntualizamos lo que piensan los detractores de esta idea. Veamos ahora qué opinan quienes la defienden.

Y a sugerencia de uno de ellos, aceptemos poner un ejemplo totalmente ajeno al cine, con el simple ánimo de ver el problema en perspectiva. Supongamos que, en lugar de actores, se trata de senadores del Congreso, y que una hipotética ley exige que el Senado “debe estar integrado, en un 50%, por mujeres”.

Y que al principio (en este hipotético caso), no hay suficientes mujeres de generalmente reconocida idoneidad para el cargo. Pero el cupo se impone y, en el corto plazo, nos encontramos con el problema de que hay ciertas senadoras “no del todo competentes”. Sin embargo, como consecuencia de haber más mujeres en las bancas, durante los siguientes años se sancionan leyes que promueven los derechos de la mujer, su acceso a la educación superior, su desarrollo como empresarias, etc.

Y así, tras una o dos décadas y en una futura elección de senadores, ¡resultaría que sobran senadoras idóneas para completar el cupo! Y eso se habría dado gracias a que, en principio, fue impuesta la norma de cupos, a pesar de sus “defectos” en el término inmediato.

En el cine y la televisión, entonces, y según la sugerencia que aceptamos considerar, ocurriría lo mismo. Por lo que el supuesto de que no hubiese suficientes actores latinos con talento para un determinado proyecto (si existiese tal insuficiencia), sería solo “un problema de corto plazo”. El institucionalizar los cupos de actores de esta u otras minorías, ¿haría que, en el largo plazo, se lograse una equidad tanto en la representación social como en el talento? ¿Deberíamos entonces mirar menos hacia nuestras narices y más hacia el futuro?

El tema está sobre la mesa. Y todo es aceptable, menos la prescindencia. O descalificar, de antemano, cualquier fundada opinión.

G.P