Hay películas que hoy forman parte del canon mundial, tanto para el cinéfilo como para el espectador ocasional; tanto para el crítico como para el académico. Sin embargo, si se cuenta que esas películas fueron enormes fracasos comerciales, la primera reacción es el escepticismo. ¿Cómo puede ser si es de esas "que vimos todos"? Muchas veces un filme -o una pintura, o un disco, o una novela, pasa con todo- no sincroniza perfectamente con lo que el público quiere en el momento en el que surge, pero con el paso del tiempo afloran sus virtudes. En otros casos, y sobre todo en el cine cuyo costo es enorme, hay circunstancias externas, políticas o comerciales, que llevan a su caída en la taquilla. En HBO Max, que tiene un buen catálogo de clásicos, hay varios fracasos gloriosos.

Por ejemplo, Monstruos (Freaks) de Todd Browning, una de las películas más prohibidas de la historia. Es también una obra maestra absoluta del melodrama y del horror. En un circo lleno de fenómenos (un hombre que es solo un torso, dos mujeres unidas por un costado, una mujer barbuda, adultos que son como niños con cabeza mínima) se cree que un liliputiense tiene mucho dinero. La liliputiense está enamorada de él, pero la trapecista, "normal" y sexy, lo engatusa y se casa con él para, en combinación con el forzudo del circo, robarle todo. La noche de la venganza es atroz. Pero mientras tanto, Browning no muestra a estos "freaks" de modo sensacionalista, sino muy humano. El resultado es terrible y bello a la vez, pero la MGM, productora, consideró que Browning había llegado demasiado lejos y la archivó por décadas.

Otra que sufrió la "coyuntura" es El Ciudadano. En su ensayo sobre la película ("Raising Kane" se llama en inglés), la crítica Pauline Kael dijo que, a pesar de lo que se dijo después, no era un filme "difícil" ni "incomprensible", sino perfectamente listo para ser un éxito de público en aquel 1940. Pero el filme era, también, una broma muy pesada que se burlaba cruelmente del todopoderoso y aún vivo magnate de la prensa William Randolph Hearst. Hearst movió cielo y tierra para que la película no se estrenase: incluso propuso comprar todas las copias para quemarla. Finalmente, la RKO la estrenó medio a escondidas, ante la presión de la prensa, pero el lanzamiento mínimo la convirtió en un fracaso. Hoy todos recuerdan a Orson Welles como Kane pero hay que explicar quién era Hearst; justicia poética.

En los cuarenta, Katharine Hepburn (la actriz que más Oscar ganó: cuatro) pasó una época oscura en la que se la consideraba "veneno para la taquilla". La mala prensa fue la culpable que la genial comedia de Howard Hawks La adorable revoltosa (donde Cary Grant era un timorato paleontólogo y todo giraba alrededor de un leopardo, una heredera medio loca y unos huesos) fuera un fracaso monumental. Hoy es considerada un modelo de comedia moderna y vertiginosa. Consejo: no le crean nunca al periodismo ni a la crítica.

El caso más tremendo es el de El Mago de Oz. La MGM pensó que si Disney podía reventar taquillas mundiales contando un cuento infantil (a precios de hoy, Blancanieves había hecho miles de millones de dólares), sería un golazo hacerlo con actores, canciones y mucho color. Apostaron todo a esa película que dirigió Victor Fleming. Al mismo tiempo, llegaron a un acuerdo con la Fox para "prestarles" a Fleming -y a Clark Gable- para una producción mucho más modesta llamada Lo que el viento se llevó. Pues bien: los niños de 1939 y sus familias, más que encantarse con Judy Garland, se espantaron con muchas de las (mejores) secuencias de El Mago... y la película fue un fracaso total. Si la MGM no hubiera firmado un acuerdo para llevarse la recaudación internacional de Lo que el viento..., habría quebrado. Así fue: El Mago de Oz fracasó rotundamente.

Y vengamos más cerca en el tiempo. Blade Runner fue una apuesta gigantesca que adaptaba una novela del complejo Phillip K. Dick y que dirigía Ridley Scott, que venía de los éxitos Los duelistas y, sobre todo, Alien. El actor era otro imán de taquilla, Harrison Ford en su momento más célebre. Y la producción fue generosa. Y complicada. Y cara. Y el pesimismo, la mirada de un mundo terminal, Ford como antihéroe (nada de Indiana Jones, nada de Han Solo) y que fuera ciencia ficción orientada a los adultos hicieron que la película capotara rápidamente en la taquilla aquel 1982 en el que triunfó la ciencia ficción optimista y luminosa de E.T. Para colmo, la versión de Scott fue modificada y cambiada notablemente por los productores (no tenía voz en off, no tenía final "optimista"). Paradoja: la versión de los productores es notablemente mejor que la del director. Pero mejor juzgue usted: ambas están en la grilla.

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