Uno de los territorios más fértiles para el cine ha sido (siempre) el futuro. Claro que, cuando vemos películas "viejas" ambientadas en sus respectivos "mañanas", terminamos pensando que las cosas no salieron del todo bien. Si la trilogía de Volver al Futuro hubiera sido exacta, deberíamos tener autos voladores y no, apenas tenemos drones y vuela más el dólar que los vehículos urbanos. Sin embargo, hay varios clásicos de la ciencia ficción "sobre el futuro" que funcionan bien no solo por su calidad narrativa sino porque sus ideas sirven como posibilidad de reflexión siempre. En HBO Max hay una buena selección de estas películas.

Comencemos por Blade Runner, el policial basado en la obra de Phillip K. Dick. Aquí lo interesante es la reflexión respecto de qué es la conciencia, más allá del escenario post-apocalíptico de la Los Angeles de 2019 (no, no es así Los Angeles y tampoco vuelan los autos). Sí existe la inteligencia artificial y el filme gira alrededor de que los robots desarrollen una conciencia de sí que requiera también de un código moral. Por eso es, en el fondo, una película sumamente contemporánea, dado que el problema de cuál es la moral de aquello que inventamos, si es que la tiene (o la necesita) se vuelve cada vez más central. Y de paso, tienen el monólogo final de Rutger Hauer hablando con Harrison Ford, hermoso. Es mejor ver la versión "de estreno" al corte del director (Ridley Scott) porque aunque no lo crean es más equilibrado y sutil.

Una que pasó inadvertida fue Una mirada en la oscuridad, de Richard Linklater, con Keanu Reeves y Robert Downey Jr., entre otros. Es una película de animación (los actores son escaneados y modificados) y gira alrededor de un artilugio que permite vivir en un universo ficcional. Es decir, la película, también basada en una novela de Dick y con enorme cantidad de psicodelia (Dick había experimentado con drogas como el LSD y conocía a Timothy Leary) toca el tema central de nuestro mundo: cuál es el verdadero estatuto de la realidad, y si cada uno vive en un universo paralelo. Es un filme denso y bello, casi experimental.

Pero ya que hablamos de Keanu y de los mundos virtuales, una de las mayores obras maestras de las últimas tres décadas (y del cine en general) es Matrix, de los hermanos (hoy hermanas) Wachowsky. Hay mucho para ver en esa película: la influencia del cuento de hadas, el sentido de la vida (¿somos apenas una batería que da peso al mundo?), la idea de que el mundo es gris y aburrido pero que todos necesitamos de la aventura y la belleza; y, sobre todo, que hay una realidad objetiva más allá de lo que nuestros sentidos adormecidos parezcan decirnos. La película sigue siendo extraordinaria y divertida, millones de veces mucho mejores que cualquiera de sus secuelas, y lo más interesante es que sigue permitiendo que pensemos sobre el mundo.

Los juegos del hambre es lo que podemos definir como una fantasía política, más allá de que la idea de un montón de adolescentes obligados a matarse entre sí en un espectáculo ya aparecía en el clásico de Kinji Fukasaku Battle Royale, o en películas aún más antiguas como The most dangerous game, una cacería humana a cargo de personas con mucho dinero y ganas de divertirse de modo inmoral.  Pero Los juegos... muestra también una teoría de las clases sociales un poco más sofisticada, y a la larga (las continuaciones, para nada tan buenas como la original) abre la pregunta sobre por qué las sociedades suelen tender al autoritarismo o las dictaduras. Además de que las aventuras funcionan muy bien, Jennifer Lawrence está extraordinaria.

Y tenemos mucho Mad Max para ver. La primera es una de las joyas de un género llamado "ozplotation", o explotación australiana. Verán: Australia quería desarrollar su industria fílmica, así que distendió su censura y dio permiso para hacer películas guarras, divertidas, con sexo, violencia o absurdo. En esa moda aparecieron desde Los bicivoladores (debut en el cine de Nicole Kidman, no olvidar) y Mad Max, opera prima de George Miller donde un mundo post apocalíptico tiene bandas que roban combustible y un tipo que venga a su familia de manera violentísima (debut de Mel Gibson, amigos). La segunda es mucho más épica y fantástica, así como la tercera. Pero Mad Max, Furia en el camino, película que se ganó cinco Oscar y tiene a Tom Hardy y -sobre todo- a Charlize Theron es pura adrenalina y locura, con algunos de los momentos más hermosos del cine reciente (la persecución  en el tornado, por ejemplo). Más allá de ciertos reflejos políticamente correctos, es una película sobre el futuro: correr hacia la nada, hacia el sinsentido, por un vaso de agua. Además de reflexionar sobre el universo pop (universo pop al que pertenece Mad Max, obviamente), es una de las pocas películas sobre un futuro destruido que apela a alguna clase de esperanza. El doctor (es médico) George Miller siempre fue un optimista.

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