Angustia y felicidad son dos caras fisiológicas de la misma moneda afectiva. Sin embargo sus extremos constituyen problemas de salud mental, muchas veces  graves.

Así la felicidad puede desbocarse en una manía con excitación extrema y la angustia en una enfermedad depresiva  agobiante. Las personas que padecen de ambos extremos podrian enmarcarse en un problema afectivo bipolar.

El mecanismo de felicidad es una función que puede investigarse a pleno en los humanos. Aunque también se expresa de diferentes maneras en animales (saltar o mover la cola, como hacen los perros, por ejemplo).

Es así que la alegría puede estudiarse de distintos modos y en diferentes especies. Sin embargo, existen sentimientos antagónicos a la felicidad, el más importante es la tristeza máxima observada en la depresión mayor, que implica un estado de repentina e insoportable melancolía.
 

Existe, en realidad, una gama de grises afectivos, que van desde las depresiones graves hasta situaciones de leve angustia crónica, con un estado de tristeza muy moderado asociado muchas veces a ideas obsesivas o temores (como sucede en los trastornos de ansiedad).

Se encuentra del otro lado de la moneda afectiva el ser feliz. Lo que también es muy estudiado, aunque menos. Sin embargo en esta situación se observa a personas que cuando logran un objetivo feliz o consiguen solucionar un problema la euforia dura muy poco tiempo.Esto fue investigado especialmente por Paul Gilbert, uno de los mayores estudiosos de este tema, del Hospital Kingsway, en Derby. Observó que estos sujetos tratan de limitar esa sensación que saben temporaria y que perderán, entonces ante ese riesgo la limitan en forma consciente y también inconsciente.
 

Cómo se produce la felicidad

En estudios cerebrales sobre procesos de felicidad se ha detectado que intervienen sectores del cerebro relacionados con la recompensa. Ubicados en el núcleo subcortical accumbens y también en el núcleo amigdalino que contiene la memoria emocional.

Esa memoria recuerda los momentos que impactan en nuestra historia, sean positivos o negativos. Ayuda así a presentificar en forma inconsciente nuestra historia emocional. Estos eventos emotivos pueden asociarse posteriormente a algún acontecimiento actual.

La felicidad se ha relacionado con diferentes sustancias, así se piensa que los neurotransmisores como la serotonina y dopamina, hormonas como la oxitocina y opioides internos como las encefalinas se encuentran implícitos en este sentimiento.
Es cierto que estos productos internos intervienen en los procesos emocionantes, así muchos antidepresivos incrementan la serotonina.

También existen descripciones que muestran incrementos de la oxitocina en los procesos de alegría animal, como el aumento de esta hormona cuando el perro juega con su dueño.

Los síntomas de angustia y tristeza están mucho más presentes durante la mañana

 

Existe sin embargo controversia, pues la relación de estas sustancias con el sistema cerebral es muy compleja, ya que existen muchos lugares (receptores) celulares para las mismas y su distribución en el encéfalo es muy heterogénea. Se ha descrito que las personas excesivamente felices pueden tener más descuidos, peor memoria y podrían ser algo más injustas que las moderadas o directamente las tristes.
Si bien es real que la felicidad es efímera y que el excesivo optimismo puede conllevar ciertos riesgos, muchos estudios muestran la necesidad de un moderado nivel de alegría para generar una reducción del estrés y mejorar la calidad de vida, lo que redundará en un paso del tiempo exitoso para el cuerpo y la mente.

El sistema nervioso

Existen investigaciones que estudian cómo cambia el sistema nervioso en la Angustia excesiva. Una de las más interesantes es la realizada por Scott Langenecker de la Universidad de Illinois de Chicago, quien ha descripto a través de estudios de neuroimágenes que diferentes zonas cerebrales relacionadas con la depresión están desconectadas. Observó que la amígdala cerebral (zona relacionada con la función afectiva) presenta una desconexión con el sistema emocional en personas que han presentado episodios depresivos, aún en si se encuentra remisión.

Es así que hay una persistencia del riesgo de recidiva de este tipo de trastorno en pacientes que lo han sufrido, asociado a una probable cicatriz en la conexión  cerebral que produce una dificultad en el procesamiento emocional, generando un aumento de las emociones negativas ante ideas neutras. Aumenta así la susceptibilidad a tener una recaída, dada la alteración funcional persistente. Además este autor observó un aumento en las conexiones de otras áreas relacionadas con procesos conscientes, pudiendo ser la explicación de la concientización de las ideas negativas reiteradas (llamada rumiación).

Estas afecciones depresivas contienen diferentes componentes biológicos. Uno de ellos es el relacionado con el tiempo (ritmo biológico), pues en su mayoría las depresiones comienzan en primavera (a diferencia de lo que podría creerse) presentando un componente circanual (cerca de un año).

Los síntomas de angustia y tristeza están mucho más presentes durante la mañana. Asimismo existe otro factor rítmico que es el sueño-vigilia, existiendo un insomnio asociado al problema afectivo. Es decir que presentan claros ritmos que permiten realizar acercamientos diagnósticos de certeza. Además de los síntomas emocionales, las depresiones contienen muchos problemas corporales, como por ejemplo la deficiencia de apetito, el dolor de pecho o disminución de la fuerza corporal.

Los trastornos psicosociales como pérdida laboral y las dificultades familiares pueden ser generados por la pérdida de voluntad

Actualmente se le otorga gran importancia a la capacidad psicosocial de las personas depresivas y cómo pueden soportar la depresión. En un estudio multicéntrico europeo liderado por Buist-Bouwman de Holanda se han descripto dos de los aspectos claves para las dificultades psicosociales y laborales de las personas depresivas.

Los trastornos psicosociales como pérdida laboral y las dificultades familiares pueden ser generados por la pérdida de voluntad, pero también —evalúan en este estudio— por dos circunstancias claves. Una de ellas es la vergüenza de padecer depresión y la otra las dificultades de cognitivas que la depresión genera. Se ha observado que una vez recuperados los problemas emocionales, casi la mitad de las personas continúan enlentecidos, desorganizados y con alteraciones de la memoria de trabajo (que es la memoria inmediata relacionada con la función atencional). La continuidad de estas dificultades puede conllevar al riesgo de precipitar nuevamente a otra depresión. La reiteración los síntomas afectivos así como la gravedad de los mismos llevan a situaciones de posibles agresiones. Probablemente el mayor fracaso de los tratamientos de la salud mental sea el suicido de la personas.

Sin embargo angustia y la felicidad son procesos normales. La angustia genera estrés ayudando a codificar el contexto, a tomar decisiones y a memorizar procesos a evitar, entre muchas cuestiones normales y la felicidad es parte de su cara fisiológica contraria, memoriza, relaja y ayuda a desear la  repetición de la experiencia.

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Ignacio Brusco

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