La brecha de género en el acceso al crédito empresario en Argentina es muy alta, y probablemente sea una limitación para la creación y el desarrollo de empresas lideradas por mujeres.

En Argentina, se estima que hay un 8% de empresas lideradas por mujeres, frente al 21,4% que se observa en América Latina y el Caribe (Banco Interamericano de Desarrollo, 2020). Pero además de esto, también se detectó que sólo el 20,5% de las empresas lideradas por mujeres utiliza créditos bancarios para financiar inversiones frente a un 42,9% de empresas lideradas por hombres.

Esta última cifra es importante porque la falta de financiamiento en una empresa puede devenir en un estancamiento o en una mayor barrera a la hora de crecer. De hecho, alrededor del 42% de los créditos demandados por mujeres son rechazados, frente al 2,5% de los demandados por hombres. Para dimensionar el problema en Argentina: esa cifra en América Latina es del 7,4% de mujeres versus el 2,9% de hombres; y en el mundo es del 11,7% versus el 10,7%, respectivamente.

El mayor rechazo de las solicitudes de financiamiento realizadas por mujeres no tiene sustento en evidencia real. Un estudio publicado en The Economic on Banking of Woman (2019) demostró que el comportamiento de la mujer es más fiel, al tiempo que tiene un Net Promoter Score (NPS) más alto - herramienta que mide la lealtad de los clientes de una empresa basándose en las recomendaciones -, mayor tendencia al ahorro, depósitos más estables y una menor tasa de morosidad.

Sesgos y estructuras

Algunos de los motivos por los cuales las creencias tienen más peso que la evidencia real es la existencia de sesgos, tales como la infravaloración de la capacidad de la mujer en cuanto a rendimiento o el dudoso compromiso de las mujeres madres para con el trabajo.

Otro de los puntos destacados en relación a las diferencias de género, es que son las empresas lideradas por mujeres las más incentivas en capital humano e invierten más en I+D, lo que sugiere que un mayor impulso al financiamiento hacia este tipo de empresas puede devenir en una mejora general para la economía, al aumentar la inversión y el crecimiento.

Si bien no existe una discriminación per se hacia la mujer, en el sentido de no permitirle siquiera demandar un crédito, lo cierto es que el sistema financiero tradicional se basa, fundamentalmente, en las garantías y en sistemas de calificación estándar para que una persona/empresa pueda acceder al financiamiento. En este marco, las mujeres se ven menos beneficiadas, debido a que están presentes en actividades que cuentan con pocos activos para poder poner en garantía.

Por otra parte, se destaca el hecho de que las estructuras bancarias son mayormente masculinas (menos mujeres en cargos gerenciales o como oficiales de cuenta). Como consecuencia de esto, suele haber un trato desigual con los clientes en función de su género.

Otro de los motivos que explica el menor acceso de las mujeres al crédito tradicional se basa en los servicios financieros ofrecidos. Mientras los hombres se muestran más transaccionales, las mujeres buscan un mayor asesoramiento, acompañamiento, capacitación, y eso es algo que los bancos tradicionales no ofrecen. A diferencia de esto, algunas plataformas digitales financieras sí incluyen servicios de capacitación, recomendaciones de software, cómo aumentar ventas, la construcción de la marca, entre otros.

Créditos de fintech

Además, las empresas fintechs, al contar con un sistema de scoring distinto al de la banca tradicional, y utilizar información alternativa de las personas, logran aumentar la participación de la mujer a la hora de la toma de créditos. Por caso, los microcréditos ejecutados por las fintechs están alcanzando una participación femenina por encima del 40% mientras que otras líneas bancarias se encuentran por debajo del 30%.

Todo esto nos sugiere un desafío para poder aumentar la participación de las empresas de mujeres y con ello, en políticas que propicien un aumento de financiamiento hacia ellas, dado que es uno de los pilares fundamentales para que una empresa comience y luego, crezca.

En este marco, la competencia que vinieron a traer las empresas fintechs puede devenir en un cuestionamiento de las bases para constituir la base de la oferta financiera y lograr así una menor exclusión de las mujeres en los sistemas formales de crédito.

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