La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve.

Martin Luther King

El fútbol y el deporte en general provocan un proceso de sublimación de la pelea entre grupos tribales, identificados por cuestiones culturales, religiosas, deportivas u otras. Probablemente resuelva cuestiones afectivas y agresivas a través de un camino deportivo.

Más allá de cualquier conclusión racional, la persona se aferra a través de su sistema de creencias al efecto emocional, sea de una idea deportiva, tribal, religiosa. La ausencia del objeto de creencia puede generar una situación de mucha ansiedad y angustia, ya sea no tomar un medicamento o no asistir a un oficio obligatorio para un religioso, generándose una especie de síndrome de abstinencia, con una respuesta cerebral (la ínsula cerebral es el componente sustancial de la abstinencia). La ansiedad abstinente se calma devolviendo al sujeto el objeto de creencia retirado al calmar la falta de lo que desea y cree. Se produce así la tranquilidad de las zonas cerebrales, que generan la respuesta en la angustia de la ausencia.

Dos cazadores en la Edad de Piedra corren tras una presa. Cuando la alcanzan, la primera duda un instante, pero el segundo la caza y se la lleva. Sin embargo, el antes exitoso luego se enfrenta erróneamente con un tigre, es comido por el animal y ya no deja descendencia, mientras que el otro, dudoso, huye. Agresión y temor, dos caras de la misma moneda: la toma de decisión de la actitud de lucha. La agresión es un motor instintivo que lucha contra el miedo. Esta conducta, con bajo umbral para las actividades violentas, puede tener un sustrato cerebral y genético. Aunque, como sucede en general, no depende únicamente de esto, pues no se pueden obviar los factores ambientales y culturales.

Existe un área de la zona anterior del hipotálamo que, al estimularse, produce una clara conducta de ataque en el animal, así como un aumento de la respiración y de la frecuencia cardíaca, etc. (señales de preparación para la lucha). Esta conducta relacionada con la pulsión agresiva en los animales se encuentra regulada en el ser humano a partir del desarrollo de la corteza asociativa y fundamentalmente en un sector de ellas llamado lóbulo prefrontal (específicamente la parte orbitaria), en donde se produce un control de las cuestiones impulsivas.

Cuando estas cortezas se lesionan (cuando mueren las neuronas por lesiones externas o por enfermedades que generan mecanismos desaparición neuronal) o se inhiben funcionalmente por un tiempo, como en el caso del alcoholismo, estas posibilidades inhibitorias llevan como consecuencia a conductas con agresiones desmedidas. Se ha planteado además que podrían existir genes que regulan la agresividad: los que regulan al neurotrasmisor Serotonina o genes para una enzima llamada MAO al alterarse provocarían mayor tendencia a las actitudes violentas.

Otros trabajos muestran que el aumento de testosterona (hormona masculina) podría ir acompañado de aumento de conductas violentas, sea porque se la indicó como tratamiento o porque la persona padece de hipersecreción de la misma. No obstante, hay que tener mucho cuidado porque existen trabajos serios en los que no puede considerarse a la genética como único factor. Además, en general existen múltiples genes que regulan ciertas conductas complejas.

Por eso estos son estas instancias se consideran reguladas por multigenes. Estos generan un aumento de riesgo para presentar ciertas conductas pero condicionadas por múltiples situaciones sociales y ambientales. Se consideran que son multifactoriales y, así como existen genes que aumentan ciertas acciones, hay otros que aumentan la resiliencia para padecer ciertas conductas.

Una función instintiva clave

La agresión sublimada es entonces una de las funciones instintivas claves que colaboran con la toma de decisión final, la cual puede verse alterada en personas antisociales. Trabajar para que las personas susceptibles a realizar conductas agresivas aumenten sus resiliencias sociales es una tarea que se debe plantear, pudiendo disminuir situaciones de riesgo para sí o para terceros.

El "tribalismo" contienen impulsos instintivos, inhibiciones y controles cognitivos que, sin embargo, no soslayan diferencias insalvables, a veces peligrosas.

Diferencias por el territorio futbolìstico, creencias (religiosidad) o de pertenencia grupal (nacionalismo, club de fútbol, tipo de deporte, etc.) pueden ser evocadas, como instancias que generan identificación tribal, generando tomas de decisiones alteradas (inmediatas y mediatas), muchas veces injustas y/o violentas o denotando ideas y sentimientos incoercibles, pudiendo llevar a guerras o su sublimación: una competencia deportiva o por algún premio.

La masividad futbolística es convocante, lo que el otro tiene es lo deseado. La necesidad afectiva sobre un objeto o terreno se encuentra implícita en animales y es más compleja en el humano. Se potencia en con el instinto gregario y con el sedentarismo. Especialmente a partir del desarrollo cognitivo que le otorga un plus a nuestro instinto de posesión.

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