El viernes de la semana pasada se realizó un acto de la Unión Obrera Metalúrgica en Pilar que contó con la presencia de Cristina Fernández de Kirchner. En el plenario, la vicepresidenta abordó un tema que surge con fuerza sobre la mesa de discusión económica: productividad, salarios y su evolución durante los últimos años.

Es que Argentina se encuentra inmersa en un fenómeno llamativo: venimos creciendo casi ininterrumpidamente desde la salida de la pandemia (5% anual, aproximadamente), el desempleo se encuentra en mínimos (6,9% al segundo trimestre), la tasa de actividad se ubica en máximos (47,9% al segundo trimestre) y la productividad crece, pero los salarios no logran recuperarse y pierden participación dentro del producto.

El quid de la cuestión sería: ¿es compatible, en el contexto actual, un sendero de crecimiento que permita la recuperación del salario y una mejora en la distribución o estamos frente a una misión imposible?

La economía continúa creciendo con el aumento de empleo. Sin embargo, una de los puntos está en quién se apropia de ese crecimiento y qué tipo de empleo se crea.

Según datos del informe "Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra", del Indec, la cantidad de puestos de trabajo creció un 7,7% con respecto al segundo trimestre del 2021. Esto se divide entre asalariados (con un crecimiento del 8,5% en relación con el segundo trimestre de 2021) y no asalariados (5,5% respecto del segundo trimestre). Los asalariados, a su vez, se encuentran divididos en registrados y no registrados. Los registrados representan el 67% y tuvieron un incremento del 3,5% respecto del segundo trimestre de 2021. Por otro lado, los no registrados tuvieron un aumento de 20,2% y es el subgrupo con mayor crecimiento. El segundo grupo que más crece es el de los no asalariados (que engloba a los trabajadores por cuenta propia y a los de la economía popular), en donde el crecimiento fue del 5,5%.

De los 1.501.000 puestos nuevos, 364.000 son asalariados registrados, 907.000 son no registrados y 230.000 son no asalariados. Es decir, el 73% de los nuevos puestos corresponde a empleos no registrados o no asalariados.

Esto nos lleva a una situación que resulta contraintuitiva, ya que la lógica económica marca que, ante menores niveles de desempleo, crece el poder de negociación de los trabajadores, traduciéndose en mayores ingresos y en una mejor participación en el producto. Pero esto no se da actualmente, en parte porque el empleo que se crea es precario y no aporta para robustecer el poder de negociación de los trabajadores y de las trabajadoras. A esto debemos sumarle el contexto de alta inflación, que lima constantemente el poder adquisitivo.

No puede dejarse de lado la permanente caída de la participación del salario dentro del producto, que comenzó durante el gobierno de Mauricio Macri y que continuó (tras una corta recuperación en 2020) con la gestión actual.

En el ya citado informe del Indec se muestra cómo se divide el valor agregado bruto (VAB), cuyas principales variables son la remuneración al trabajo asalariado y el excedente de explotación bruto. Los datos disponibles hasta el segundo semestre muestran cómo los trabajadores se apropian del 44,4% de la "torta", mientras que el capital se queda con un 45%. Teniendo en cuenta que esta relación se encontraba hacia el primer semestre de 2016 en el 51,3% y 39,7%, respectivamente (según el informe "La distribución funcional del ingreso en Argentina" del CEPA), vemos cómo la posición de los trabajadores empeoró sistemáticamente.

En síntesis, la mayor parte de la recuperación económica lograda en la post pandemia fue apropiada por el incremento de los márgenes de ganancia empresariales, resultando en una distribución funcional del ingreso totalmente regresiva.

Frente al complejo contexto actual son necesarias medidas extraordinarias, y para llevarlas adelante se requiere tanto voluntad como decisión política para plantear las prioridades dentro del ordenamiento macro que se viene llevando adelante. Claro que este camino no está exento de las disputas de poder, en donde se ve cómo el empresariado posee una posición provechosa. Retomando el enfoque de la vicepresidenta, resulta no solo lógico sino urgente pensar en una suma fija o en otros instrumentos que permitan encauzar esta situación hacia una distribución el ingreso más progresiva que permita mejorar la calidad de vida y el poder de compra de los trabajadores y de las trabajadoras, que será, a su vez, el motor para pensar el crecimiento sostenido de la economía.

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