El ajuste fiscal más ambicioso que haya instrumentado hasta ahora el Frente de Todos -que además de la suba de tarifas para reducir la carga de subsidios incluyó recortes sobre partidas sensibles como el plan Conectar Igualdad, la infraestructura de jardines de infantes y los créditos subsidiados para Pymes- pasó prácticamente inadvertido en medio del vendaval político que desató el pedido de 12 años de prisión para Cristina Kirchner por el presunto direccionamiento de la obra pública en Santa Cruz. La vehemencia del alegato del fiscal Diego Luciani y la endeblez de sus pruebas para vincularla con los hechos de corrupción investigados no sólo le sirvieron a la vicepresidenta para denunciar una persecución en su contra y alinear detrás suyo a todas las tribus del peronismo. También le ahorraron el pago de costos por su pacto con Sergio Massa para relanzar la gestión. Sería una carambola perfecta, si no fuera porque su defensa política ante la avanzada tribunalicia se basa precisamente en identificarse con todo lo contrario a las políticas que el nuevo ministro de Economía empezó a desplegar por su cuenta y orden. 

Publicidad
 

El invaluable servicio de Luciani, que empañó en parte Alberto Fernández al compararlo por TV con el difunto Alberto Nisman, difícilmente alcance para que la imagen de Cristina salga indemne del ajuste. La vice procura anclarse en el período 2003-2015, al punto de haber dicho en su defensa que el fiscal pidió un año de prisión “por cada año del mejor gobierno que tuvo la Argentina en las últimas décadas”, obviando mencionar los casi tres que ya compartió con Fernández. Pero el paso al frente que dio al empoderar a Massa y el rol político de conducción que asumió este año, muy distinto del bajo perfil que cultivó hasta la derrota en las elecciones, le complica a futuro esa diferenciación. 

La cuesta por delante es empinada. Los gastos por $128.000 millones que mandó podar el jefe del Palacio de Hacienda durante los últimos cuatro meses del año son apenas el principio, pues equivalen al 40% de lo que todavía exige achicar el presupuesto en 2022 el acuerdo vigente con el Fondo Monetario. Combinados con la violenta suba de las tasas de interés que dispuso el Banco Central para detener la corrida al dólar, esos recortes prometen accionar el freno de mano de una economía que creció a un ritmo del 6% en el primer semestre y que aún así no pudo revertir el deterioro de los ingresos. Ahora, las Pymes que ya no reciban aportes no reembolsables o créditos subsidiados del Fondep, por ejemplo, probablemente no contraten más empleados y deban empezar a despedir. Sus clientes les comprarán menos por el tarifazo y el deterioro salarial y encima dispondrán de menos insumos por el racionamiento de los dólares.   

La tijera empezó a mover sus filos en el breve pero austero interregno de Silvina Batakis, que pisó partidas de todas las reparticiones hasta que el déficit primario se desplomó de $337.234 millones en junio a $75.947 millones en julio, un nivel muy inferior al esperado incluso por sus lugartenientes. La quita de subsdios a la energía aportó otro 0,06% del PBI y el recorte de esta semana, otro 0,16%. Sin embargo, según cálculos de la consultora Analytica, para que se cumpla la meta de déficit del 2,5% del PBI en todo 2022, todavía falta recortar gastos por otros $308.000 millones. 

A eso se suma el impacto simbólico que tendrá la solicitud de un nuevo préstamo del Fondo durante el viaje que Massa emprenderá el 6 de septiembre a Washington y Houston. Ya no será un crédito para refinanciar la deuda heredada de Macri, como el de enero, sino plata fresca del Fondo de Resiliencia que integraron los países ricos con los DEG que no usaron en pandemia. Podrían llegar unos U$S 1.300 millones que el Central necesita como agua y que no agregan nuevas condiciones a las ya comprometidas. Lo difícil va a ser esgrimir después que uno de los 12 años de prisión que pidió Luciani es “por el desendeudamiento”, como hizo Cristina el miércoles.

Desvestir santos

El diagnóstico del que parte Massa no es de su cambiante viceministro Gabriel Rubinstein sino de Lisandro Cleri, que recién ayer fue designado formalmente en el directorio del Central y se instaló por primera vez a trabajar en la sede de la calle Reconquista. Cleri dictaminó un mes atrás que hay demasiados pesos en circulación pero que además están mal distribuidos. A su juicio, las provincias y los organismos descentralizados del Estado acumularon grandes excedentes de caja que colocaron en plazos fijos, bonos del Estado y fondos comunes de inversión. En parte, dice, eso es culpa del desorden que dejó crecer Martín Guzmán pero también de un cambio introducido por Mauricio Macri, quien dio la orden de reducir los plazos de pago para evitar que los contratistas le cargaran al Estado el costo financiero de su propio bicicleteo en los pagos. El problema, siempre según su hipótesis, es que esos tiempos nunca pudieron acelerarse y las reparticiones recibieron partidas que no llegaron a ejecutar. Supuestamente, por eso, la contracción fiscal no debería ser tan recesiva. 

Hay que ver qué dice el Fondo. En Washington aguarda la mesa examinadora del venezolano Luis Cubbedu, el español Ricardo Llaudes y el británico Ben Kelmanson, delegado permanente del staff en Buenos Aires. En las últimas dos semanas, Kelmanson organizó varios encuentros reservados, presenciales y virtuales, en los que participaron los secretarios de Hacienda, Raúl Rigo, y de Finanzas, Eduardo Setti. Todos bajo la supervisión de Cleri. 

Además de los dólares adicionales que va a buscar, Massa quiere volver con un cronograma de desembolsos del Fondo algo más ajustado que el que dejó Guzmán. Hay algunos descalces de días entre los vencimientos pendientes del crédito original de Macri y los giros nuevos para cubrirlos. No sería un problema en condiciones normales, pero sí lo es con las reservas netas del Central a punto de agotarse.

Aunque por un pelín, los datos muestran que las metas del segundo trimestre fueron cumplidas. El déficit primario acumulado tenía como meta el 1,2% del PBI y fue del 1%. La emisión monetaria, 0,6% puntos del PBI y fue del 0,58%. Las reservas netas deberían haber crecido en U$S 4.100 millones entre abril y julio frente a diciembre de 2021, pero los auditores aceptaron reducirla a U$S 3.450 millones y ese monto llegó a acumularse los últimos dos días de julio gracias al torniquete importador total anunciado a mediados de ese mes. En el año deberán acumularse U$S 5.800 millones. 

Lo difícil no son las metas sino el “test de acceso excepcional” que debe pasar todo miembro del Fondo en la situación en que está Argentina para que continúen los desembolsos. Abarca cuatro aspectos: la crisis de balance de pagos, la sostenibilidad de la deuda en su conjunto, la perspectiva de recuperar acceso a los mercados y el consenso político interno del programa con el Fondo.  

Desdoblar la apuesta

La mejora del “dólar soja” para los productores que liquiden su cosecha fue la principal promesa de Sergio Massa en su visita sorpresa a Coninagro. Ya lo había anticipado el secretario de Agricultura, Juan José Bahilo. En vez de dejarles comprar dólares a precio “solidario” por un 30% de sus liquidaciones, les permitirán llegar al 40%. Con eso apuntan a conseguir para el Central las divisas que ahuyenten el riesgo de devaluación brusca todavía latente. 

La retención de granos de quienes apuestan a la ‘deva’ oficial ya llegó a niveles históricos. No solo la venta acumulada es la menor en 20 años y tiene frenadas la mitad de las máquinas de molienda de las grandes plantas del Paraná, sino que empezó a afectar el negocio del crushing en China, que planeaba recibir en agosto siete millones de toneladas de granos de soja y apenas recibirá seis millones. 

¿Es el desdoblamiento cambiario que mencionó Rubinstein poco antes de ser nombrado por Massa una forma de evitar la devaluación o sus efectos nocivos? En el Central, al menos, piensan que no. Y varios miembros del nuevo equipo económico coinciden. 

Si hubiera dos mercados oficiales del dólar, uno comercial más barato y uno financiero más caro, el comercial debería ser lo suficientemente alto como para que se acumulen reservas. O sea, de todos modos requeriría una devaluación, con sus efectos inflacionarios. Al financiero irían quienes demanden divisas para bienes suntuarios, servicios, turismo, Google, Netflix y deudas con el exterior. Si subiera mucho la cotización en él, el Central debería intervenir con parte de lo acumulado en el otro mercado. 

“El problema son los lobbies, porque se arma un cóctel de dólares. Y si dejamos que liquiden en el financiero una parte de sus granos los productores de soja les estaríamos dando una ventaja a los del sector más competitivo de la economía sobre los demás. ¿Qué les queda a los sectores sensibles”, se preguntó ante BAE Negocios uno de los miembros del equipo que no cree que sea una buena idea hacerlo.   

Una devaluación “one shot” como la que recomienda Marina Dal Poggetto, a su vez, requiere de un poder para frenarla que hoy el Gobierno no tiene. Esa devaluación, además, debería ser compensada para evitar un impacto demasiado regresivo que acentúe la recesión. Y esa compensación no es un bono para los hogares pobres ni 300 mil equipos de TV 4K en 24 cuotas subsidiadas para el Mundial, como ya les pidió Massa a los bancos privados que ofrezcan también, como ya lo están haciendo los bancos Provincia y Nación. De Adalbert Krieger Vasena para acá, una devaluación compensada es una devaluación con suba de retenciones.

¿Se animará Massa a algo así, después de todo lo que les prometió a los dirigentes ruralistas? ¿Prometer que no lo hará será otra forma de doblar su apuesta contra la devaluación y contra el desdoblamiento, como ya lo fue de algún modo el seguro de cambio para los tenedores de deuda en pesos que aceptaron canjear sus títulos por el nuevo bono dual? ¿Le alcanzará este ajuste y el salvavidas del Fondo para evitar esas dos salidas desagradables? ¿Aceptará Cristina sacrificar su legado político y arriesgar su libertad personal en esa hoguera de austeridad? Solo el tiempo lo dirá.  

Más notas de

Alejandro Bercovich

Secretos y penurias del regulador regulado

Secretos y penurias del regulador regulado

Por un puñado de dólares

Por un puñado de dólares

Discretos aprontes para otro reseteo económico

Discretos aprontes para otro reseteo económico

Escapar hacia adelante con rumbo a lo desconocido

Escapar hacia adelante con rumbo a lo desconocido

La economía del Antón Pirulero

La economía del Antón Pirulero

El Estado no es nadie

El Estado no es nadie

Apuesta empresaria: Massa 2023 con partitura del Fondo y garantía de CFK

Apuesta empresaria: Massa 2023 con partitura del Fondo y garantía de CFK

Crónicas de la inercia inflacionaria en la era de la ingobernabilidad

Crónicas de la inercia inflacionaria en la era de la ingobernabilidad

Un referí bombero para una puja distributiva en llamas

Un referí bombero para una puja distributiva en llamas

Lecciones del pragmatismo alemán para el ajuste frentetodista

Lecciones del pragmatismo alemán para el ajuste frentetodista