La evolución del Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP) de este año habla por sí solo: empezó con 12,9% en enero; retrocedió 6,3% en febrero, subió 8,5% en marzo, 3,4% en abril, 3,2% en mayo, 2,6% en junio y cayó -3,5% en julio. Está a la vista que la curva estadística del semestre viene en leve declinación, pero también que sigue siendo positiva.

Los portavoces mediáticos del sector, en ese contexto, pintan un panorama negativo con que justifican sus críticas al gobierno, por el cepo cambiario, las demoras para autorizar importaciones de insumos, los problemas de logística por el faltante de gasoil, los efectos que provoca la inflación en el financiamiento y las ventas, los bloqueos sindicales de plantas, la inestabilidad del dólar, la presión impositiva...

Una lectura política de indicadores y declaraciones daría como resultado un prisma: según las caras, a las empresas les estaría yendo, al mismo tiempo: bien, no tan bien y mal.

Y todo, en parte, es cierto.

Cada pequeño y mediano empresario o emprendedor de la economía real que toma contacto con el banco coincide, en general, con ese panorama agridulce. “Estamos bien pero vamos mal”, sería una adaptación antónima de la frase que popularizó Carlos Menem en Argentina y también Teodoro Petkoff en Venezuela, cuando fue ministro de Rafael Caldera para la misma época.

 

Cuatro casos que explican los problemas de las pymes

 

Se sienta el otro día un emprendedor local que quería sacar un crédito para renovar la máquina envasadora en su planta. Explicó la idea de modernizar una antigua con la que vienen haciendo el trabajo a fin de aumentar la cantidad de productos terminados y ampliar el radio de distribución.

Una vez que se pudieron acomodar los plazos, tasas, amortizaciones, en un contexto inflacionario como el actual, el cliente empezó a pensar en voz alta: “Está bien. Me endeudo y la compro. La instalo antes de fin de año: Me saca el triple de mercadería que hasta ahora. Expando la comercialización hacia los lugares a los que no llegaba. Todo Ok, pero ¿cómo hago para asegurar la entrega de esas mayores ventas en tiempo y forma?”, planteó.

Enumera: escasean los dólares para traer de afuera uno de los insumos imprescindibles de fabricación, que en el país no hay, falta el gasoil para los movimientos entre el puerto, la fábrica, el depósito y el destino final, sobre todo cuando supera los 1.000 km hacia el norte y el sur.

Las anécdotas fluyen. Estuvo dando vueltas un operador logístico radicado en Pacheco, provincia de Buenos Aires, que se focaliza en el mundo de la salud. Y como la pandemia favoreció el giro comercial de su negocio, proyecta ampliar la capacidad de almacenamiento. Más metros y más personal también.

Deja en suspenso el trámite hasta que no se resuelvan los seis frentes abiertos que, según él, le falta resolver a la macroeconomía y menciona a: “la brecha entre el dólar oficial y los distintos tipos de cambio financieros, la gran inflación, el déficit fiscal, las declinantes reservas del Banco Central, la alta presión impositiva y el estancamiento de la economía”. Conclusión: “Si todo esto no se resuelve, la situación va a ser crítica para las empresas”.

Hace poco, el director general de cadena red doméstica y exterior de franquicias que no puede importar el insumo sobre el que gira todo su negocio, terminó suspendiendo las entregas del producto a los clientes que no pertenecen a la red de la marca, lo cual les ocasionó un desbarajuste financiero.

Tampoco a los que afirman tener conciencia exportadora se la hacen fácil. No alcanza con armar una planta modelo que cumpla todas las normas ISO 22.000, SSSC para Estados Unidos, las más altas de calidad reconocidas internacionalmente, y capacitar al personal en esos estándares.

Entrar en los radares del comercio exterior implica llenar requisitos burocráticos, conseguir homologaciones, que los entes del país traban con engorrosos trámites.

Son las cuitas que transmiten los voceros de las propias Pymes fuera del cliché mediático de la dirigencia, si bien casi se repiten.

En oportunidad de celebrarse el Día Internacional de las Pymes, se viralizó un emotivo discurso ante la Comisión de Economías Regionales, Economía Social y Pymes del Senado que pronunció el dueño de una pequeña fábrica que exporta helados artesanales, Esteban Wolf.

Habló de la cultura del trabajo, de la importancia de los emprendedores, de la exportación, en nombre de un sector, como el Pyme, que aporta el 45% del PBI, el 50% de las ventas, más del 30% del valor agregado y el 65% del empleo registrado.

Reveló que planifican los próximos 6 a 10 años sin mirar quién es el ministro de Economía de turno, de qué bandera es el Presidente, pero que igual todos los días abren las persianas. “Las Pymes son el motor del mundo, hacen una fábrica de trabajo”, definió, aunque dejando de lado el elevado nivel de informalidad que generan.

Pero finalmente enfatizó: “Nos emociona contratar un empleado, comprar una máquina”... 

Efectivamente, emocionó a todo el auditorio.

* vicepresidente del Banco Ciudad