Dentro de pocas semanas, en Italia se decide que rumbo tomará el país en los próximos años y muchos observadores lanzan señales de alarma por el posible triunfo de una derecha que parece querer alejar al país, en alguna medida, de sus valores políticos tradicionales. Puede parecer sorprendente si se considera que solo pocos meses atrás, con el gobierno de Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo, Italia había adquirido un rol de liderazgo en Europa con pocos precedentes en su historia reciente.

La invasión a Ucrania ha dado la ocasión a Draghi de mostrar toda su determinación para llevar su país y los aliadosen defensa de los valores de Occidente, pero en realidad desde antes de la crisis, los medios internacionales le habían reconocido un prestigio y capacidad de liderazgo, que parecía tanto más necesario en Europa luego de la salida de la escena de Angela Merkel y del crecimiento de las instancias populistas en el continente.

Sin embargo, Draghi permanecerá unas pocas semanas más en el cargo y quién será su sucesor dependerá del resultado electoral de septiembre.

¿Cómo se presenta entonces la derecha italiana? De los tres partidos de la coalición, quien recibió mayor atención por parte de los medios internacionales es Fratellid’Italia, liderado por Giorgia Meloni. Este partido es el heredero de Alleanza Nazionale, que, hasta el 1993, se llamaba Movimento Sociale Italiano, fundado luego de la Segunda Guerra Mundial por integrantes y simpatizantes del régimen fascista de Benito Mussolini.

Son estas raíces ideológicas que despertaron la atención de varios medios internacionales y, si bien Meloni declara que su referencia política no es el fascismo, no esconde su posición en la extrema derecha del espectro político italiano. Así como manifiesta sus simpatías por Victor Orban, el mandatario húngaro que desde 2010 trabaja para introducir elementos de autoritarismo en su país.

Otro partido de la coalición es Forza Italia, la organización de Silvio Berlusconi, quizás el político italiano más conocido en el mundo (principalmente por sus aventuras sexuales y sus problemas con la justicia). Berlusconi no pudo presentarse como candidato al Parlamento en 2018 por haber sido condenado por fraude fiscal, sin embargo el plazo de inhabilitación venció y en septiembre será candidato al Senado.

El tercer partido es la Lega, movimiento que se desarrolló en los años noventa en el Norte de Italia, en buena medida como reacción de parte de los electores de las regiones más industrializadas a lo que se percibía como una ineficaz transferencia de recursos hacia el Sur de la península por parte del estado central (“Roma ladrona”, era uno de los slogans más usados en la época), hasta constituir, en la opinión de algunos, una auténtica amenaza para la unidad nacional. Sin embargo,Matteo Salvini, el actual líder, cambió estrategia: abandonó las instancias separatistas y orientó su retórica contra los inmigrantes de África y otras áreas, explotando, y tal vez estimulando, la reacción de muchos italianos a la ola de inmigración de los últimos años y ganando votos en muchas áreas del país.

En las encuestas la coalición de derecha cuenta con una clara ventaja: puede lograr una mayoría en el próximo Parlamento, y con ella el gobierno del país. Entre los otros partidos, los principales son el Partito Democrático y el Movimiento 5 Stelle, que se presentan separadamente a los electores y por ello, a causa de los mecanismos de la Ley Electoral, tendrán una representación parlamentaria menor que la de laderecha, aún con la hipótesis que puedan consiguir más votos.

Hasta antes de la crisis del gobierno se perfilaba una alianza de centroizquierda, sin embargo, los ataques del movimiento 5 Selle al Gobierno Draghi, en julio, hicieron imposible un acuerdo con el PD, que mantuvo su determinación en apoyar al jefe del Gobierno.

¿Qué cambio puede traer un triunfo de la derecha en Italia? Algunos temen que la coalición alcance a tener una amplia mayoría que permitiría modificar la Constitución, posiblemente en sentido autoritario. Pero la preocupación más inmediata podría ser un cambio en la posición internacional del país: con Draghi, Italia era considerada una columna para la Unión Europea; los representantes de la derecha, al contrario, han adoptado una retórica antieuropeísta y, a menudo, contra la adopción de la moneda única, favoreciendo un retorno a la lira.

Una eventual salida de Italia del euro podría tener consecuencias fatales: una moneda débil sería, probablemente, causa de devaluación, con un aumento imprevisible de las tasas de interés, lo cual, considerando el tamaño de la deuda pública italiana, podría alimentar el pánico en los mercados y llevar a un desastre económico. Las preocupaciones se extienden a los temas estratégicos y de seguridad: con Draghi, Italia ha sido el país en Europa más determinado en sostener las sanciones a Rusia y apoyar a la resistencia de Ucrania luego de la invasión de febrero; al contrario, los líderes de los tres partidos mencionados no han escondido, en varias ocasiones, su simpatía hacia Vladimir Putin; un cambio de actitud en el marco del actual conflicto en Ucrania podría tener un efecto disruptivo para los equilibrios internacionales.

 

* Partido Democrático Italiano