El primer informe industrial de este año que emitió la Unión Industrial Argentina sirve casi de radiografía de cómo fue el desconfinamiento de la actividad productiva del país: en las plantas creció 15,4% en general en 2021, exportaron 47,5% más que en el repliegue de quedarse en casa de 2020 y gracias a este comportamiento, el empleo fabril aumentó 2,5%.

Pero las locomotoras que traccionaron la reacción de los indicadores fueron las PyMES, generadoras de la mitad más uno del trabajo formal, con  6,2 millones de puestos: sus ventas mejoraron un 14% en ese lapso por la demanda de la construcción, la electrónica, y en los primeros tres meses de 2022, por efectos del turismo veraniego que estiró la temporada y de la indumentaria, dado que se anticipó la renovación en febrero por el comienzo de las clases.

La IV Encuesta UIA denotó la expectativa de los pequeños y medianos empresarios acerca de que la situación económica sectorial superaría a la del año pasado.

En el trasfondo de las estadísticas optimistas subraye la suerte que corrieron más de 20 mil PyMES y emprendedores, a quienes la pandemia forzó a tomar caminos diferentes: cerrar, achicar y en el mejor de los casos, vender. Se la llamó, en ese momento, la pymedemia.

La cantidad de persianas bajas y personal desafectado (alrededor de 100 mil puestos destruidos, estimó Ecolatina) que salta a la vista en actividades de alta presencialidad, como la hotelería y la gastronomía, por citar algunos, ofician de mudos testigos de las consecuencias del distanciamiento forzoso que impuso el Covid-19.

La buena noticia es que se lograron recuperar 29 mil nuevos empleos en el sector privado formal y que la participación de las PyMEs en ese contexto es que son receptoras de 53 de cada 100 pesos que se destinan al financiamiento de empresas.

Uso de capacidad instalada 

Actualmente el uso de la capacidad instalada de las PyMES, según el Índice de Producción Industrial IPIP, se ubicó por encima del 70%, con el rubro Textil e Indumentaria como el más dinámico y Alimentos y Bebidas, el de mayor ociosidad comparativa.

En esa disparidad reside el nudo gordiano a resolver. Siendo las PyMES una de las mayores fuerzas productivas en la Argentina y por el fundamental rol que ejercen en el ámbito socioeconómico, habrá que estar atentos a los síntomas de desaceleración en el nivel de consumo interno que se empieza a observar por el efecto que la inflación produce en los ingresos de la población.

Pero también en las líneas de producción empezó a sentirse la presión hacia abajo proveniente tanto de la dificultad para abastecerse de insumos importados como de los incrementos salariales que encarecen cada vez más seguido el costo de la mano de obra a los que aún les cuesta recuperarse.

Constituyen un toque de atención sobre todo para el sector que agiliza nuevos negocios y aporta a la competitividad sistemática, que hasta hace unos años hegemonizaban las grandes empresas.

Sin contar que contribuyen activamente a que la Argentina se instale en la economía global como exportadora de bienes y servicios.

La ventaja explícita que entrañan es su versátil adaptación a las nuevas tecnologías y que no dependen de  mucho capital para subsistir.

En países en desarrollo como el nuestro, que transitan una etapa más o menos “amateur”, cuando de este tipo de emprendimientos se trata, las PyMES aportaron un terrón de arena, mucho más que un granito, a mitigar una situación que podría haber sido más dramática, e inclusive más catastrófica: brindó oportunidades laborales a los grupos etarios de ambos  extremos, y hasta dio trabajo a personas con bajos niveles de calificación.

* Vicepresidente del Banco Ciudad