Soplar sobre cenizas es la historia, contada en primera persona, de Raymond Wilmart, el enviado de Karl Marx a la Argentina luego del Congreso de los Trabajadores de La Haya en 1872, cuando era un joven belga de 22 años. El personaje-narrador reconstruye su vida, ya anciano, ante un interlocutor del que poco se sabe. Apenas, que tiene la misma edad que él al llegar a Buenos Aires. Pero esa reconstrucción no es lineal. Varía con el transcurso de los cinco encuentros-capítulos (emotiva, estética y narrativamente), a medida también que su salud se va deteriorando.

Wilmart es un personaje increíblemente poco conocido y de una gran complejidad. De la Comuna de París al ejército de línea para sofocar la rebelión de Ricardo López Jordán en Entre Ríos. De sus convicciones revolucionarias a su ingreso en los círculos más selectos de la elite. De su amistad con Paul Lafargue a su vínculo con Lucio V. Mansilla. De Jodoigne-Souveraine, en la región de Valonia, a París, Burdeos, Londres, La Haya, Manchester y Madrid. Y de ahí, a Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.

El autor es el periodista y sociólogo Néstor Leone. Al respecto dijo: "Es un personaje extraordinario en todo el sentido del término. Por lo poco abordado, por sus múltiples facetas y por lo complejo y lo contradictorio de su existencia, siempre en tensión. Es el enviado de Marx que se entrecruza con la elite argentina, pero sin pertenecerle del todo”.

Consultado por la búsqueda del libro agregó: "Reconstruye su vida desde su vejez en los años treinta, en el contexto de la Década Infame. Imagino esa voz en retrospectiva, socarrona e impiadosa con su pasado, aun cuando trata de entenderlo y hasta de justificarse. Los treinta son un momento de grandes cambios y con estos cambios entra en crisis también su universo de ideas para mirar las cosas".

El motor de la historia son las cartas, documentos, papeles, borradores y recuerdos que él atesora y que son una incomodidad para un estatus familiar ya consolidado. Entre las cartas, las que le envía y recibe de Marx. Pero el texto dialoga también con Excusión a los indios ranqueles y el dilema sarmientino civilización-barbarie. Con las obras de Ángel Della Valle o Juan Manuel Blanes y con los “tangos mazorqueros” de Ignacio Corsini. Con la tragedia de Macbeth, con el Benjamin de la historia a contrapelo. Y, de manera implícita y avant la lettre, con el Borges del «Poema conjetural».

La novela, a su vez, es la historia de la primera recepción de El Capital en Argentina. Y una especie de tratado sobre las transformaciones de Buenos Aires, sobre la traición, la violencia, los mandatos, los sueños colectivos y la vejez, pero también sobre las distintas formas de ser joven. Una historia de espectros, de fantasmas. Contados por Wilmart, en su habitación, junto a su biblioteca, y con un pasado “que no termina de morir”.

“El texto, de alguna manera, también es un intento de repensar nuestra historia desde esa voz desgarrada, como espectros de un pasado que no termina de morir. Pensar los proyectos de país en juego entonces y qué queda de ellos”, completó Leone.