Aunque en promedio la actividad económica creció en torno a 5,5% durante el 2022 y por primera vez en una década hiló dos años consecutivos en alza, la mirada puesta en el último trimestre muestra el inicio de una tendencia al estancamiento. De hecho, en noviembre se registró una caída de 0,7% mensual, que fue la tercera al hilo, lo que hizo que el período septiembre-octubre-noviembre acumule una merma de 1,5% y confirmó las proyecciones de los analistas: el cuarto trimestre del año registrará una contracción de al menos 1% en la comparación con el tercer trimestre. La restricción importadora, el ajuste vía tasa de interés y gasto público y un agro golpeado por la sequía plantean un escenario de poca tracción para el PBI a lo largo del 2023, aunque tiene chances de ser el tercero al hilo con un leve crecimiento.

La caída de 0,7% mensual desestacionalizada durante noviembre, tal lo que publicó el Indec en la tarde del martes, se hiló tras las contracciones de 0,2% en septiembre y 0,5% en octubre, mostrando una aceleración en el deterioro. Además, fue la peor baja desde enero del año pasado. Al problema que afecta a la industria, en torno a unas importaciones que están fuertemente restringidas por el Gobierno para cuidar las reservas, en una política que se espera que continúe en un 2023 en el que los dólares serán un tema clave, en noviembre se sumó una caída de 6,3% en el agro.

El de la sequía será un inconveniente importante para la actividad productiva, cuyo impacto ya se está observando en el trigo, que es el que suele morigerar las dificultades para llegar a la cosecha gruesa, ya en marzo. El agro no sólo es a la vez un demandante de productos de la industria, lo cual afecta negativamente cuando va a la baja, sino que además es un generador clave de dólares: al caer su actividad, habrá menos reservas y eso puede implicar que habrá menos importaciones.

Desde LCG señalaron al respecto: “De cara a 2023, esperamos que la actividad se vea resentida por la actual sequía que afecta la campaña 2022/23 por la que se espera una pérdida en torno a los USD10.000 millones, de acuerdo a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Consecuentemente, con una menor oferta de divisas, esperamos que se pronuncien los esquemas de control de importaciones, lo cual tendrá su correlato en la disponibilidad de insumos para el normal funcionamiento de la industria. Esto, en conjunto con un poder adquisitivo que no esperamos se recupere, traería aparejado una contracción de la actividad que la proyectamos en el 0,5% anual promedio”.

Falta que el Indec publique el dato de diciembre. Según LCG, el 2022 terminó con un alza de 5,5%. Para ACM y Ecolatina puede ser de 5,6%. Pero esa mirada esconde que la tendencia es hacia la desaceleración. Al comparar diciembre del año pasado contra el mismo mes del 2021, la suba se acorta a 2,5%. Para el 2023, Ecolatina prevé un incremento de 1,4%, explicado casi totalmente por un arrastre estadístico que, por la caída de la actividad en el último trimestre, es algo más raquítico. Así y todo, ese número alcanzará para terminar con crecimiento en el PBI per cápita.

Desde Ecolatina afirmaron: “Uno de los principales riesgos está asociado al menor desempeño del sector agropecuario. Adicionalmente se suman algunos riesgos globales, ya que podría existir un menor crecimiento a nivel internacional, en conjunto con elevados precios de energía y fletes. Por último, no hay que descartar periodos de mayor incertidumbre propias del proceso electoral , que terminen por impactar negativamente sobre la brecha cambiaria”.

Y agregaron: “En este marco, el Gobierno mantendrá un sesgo más contractivo de la política económica, en un contexto donde las tasas de interés se intentarán mantener en terreno positivo y no hay margen para expandir el gasto primario, incluso siendo un año de elecciones presidenciales. Además, ante una exigente meta de acumulación de reservas internacionales y la ya nombrada sequía, no hay que descartar nuevas medidas de administración de divisas, que afecten tanto a la oferta (nueva edición del dólar soja) como la demanda (nuevas restricciones a las importaciones), estás ultimas con efectos nocivos más claros sobre la actividad económica (por ejemplo, vía complicaciones en el abastecimiento de insumos)”.

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Mariano Cuparo Ortiz

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