Por Sara Delgado

El juicio por la presunta corrupción en la obra pública de Santa Cruz tiene como fin una condena efectiva para Cristina Fernández de Kirchner y con eso, una virtual proscripción del peronismo que tiene en la figura de la vicepresidenta la síntesis de su vigencia.

Durante el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner hubo decenas de denuncias presentadas por la oposición que con el viento de cola de derecha que trajo el continente, endureció su discurso. Sin embargo el peso simbólico de Santa Cruz como territorio del surgimiento de ese matrimonio como proyecto político que recuperó la agenda de los DDHH, encierra un pecado imperdonable.

Hay también en esto una profunda mirada centralista. Durante más de una década, sobre todo con la asunción de la alianza neoliberal Cambiemos en el Ejecutivo nacional, Santa Cruz comenzó a ser presentada como un lugar lejano y oscuro en el que el kirchnerismo administraba sin normas ante la mirada impávida de sus ciudadanos y ciudadanas.

Por estos días todo gira en torno al juicio Vialidad”, que desató una violencia política sin precedentes alentada por discursos de odio que se dieron cita más allá del mundo de las ideas, a partir de un alegato desencajado del fiscal Diego Luciani. Y aunque peritos, defensas y los dichos de los testigos aportados por esa misma Fiscalía, dan por tierra con la narrativa de la acusación, hubo toda una construcción de la demonización de Santa Cruz que lleva mucho tiempo vigente y sirvió de sustento.

A semanas de haber asumido Mauricio Macri, anunció que paralizaría represas, la obra más importante en marcha en el país, financiada por capitales chinos pero sobre todo, que representa el cambio de la matriz energética de una provincia que hasta la asunción de Néstor Kirchner, no le importaba a nadie.

Fue quizás uno de los primeros gestos que marcó un clima de época. Luego vendrían otros que derivaron en gravísimos hechos de violencia siempre alentados por un discurso estigmatizante.

Feudo”, así definen los actores locales de Cambiemos a Santa Cruz. “Feudo”, un término medieval en donde hay señores y el resto apenas simples vasallos que pueden negociar algo para sí. El resto, los y las ciudadanas de a pie, apenas unos campesinos incapaces de decidir su proyecto de provincia, de país, de vida.

Comenzaba 2016 y Macri recibió a Cristine Mc Divitt, viuda de Douglas Tompkins. Es muy pintoresca la crónica del diario Clarín: “Pero Macri quería saber algo más y lanzó la pregunta: ¿Qué piensan de las represas sobre el río Santa Cruz?. Después de un silencio breve, manifestó su rechazo al proyecto. Le parecía una aberración, que iba a provocar un daño ambiental irreparable Entonces, Macri dijo: Hicimos un estudio y vimos que las represas están en el puesto número veinte entre las mejores formas de conseguir energía. Es decir, antes hay 19 opciones más viables. Y remató: Vamos a intentar pararlas”.

Luego de eso, se sabe. Las “Néstor Kirchner” y “Jorge Cepernic”, adjudicadas hacía dos años al consorcio encabezado por Electroingeniería, la China Gezhouba Group Corporation e Hidrocuyo se paralizaron y cuando su gobierno terminó, apenas tenían un 10% de avance. No importó que el Presupuesto 2016 incluyera más de $ 43.000 millones, mucho menos los casi 6 mil puestos de trabajo que involucraba el proyecto.

Lo tragicómico es que antes de dejar el poder, Macri decidió visitar Santa Cruz por primera vez y en una estadía fugaz aterrizó en represas el 14 de enero de 2019, luego de unas extensas vacaciones en el country Cumelén de Villa La Angostura. Para entonces, las obras habían sido rebautizadas como Cóndor Cliff y La Barrancosa. Gestos.

Para cuando el líder del PRO pisó territorio gobernado por Alicia Kirchner, el Presupuesto nacional la había colocado como la única provincia a la baja. La única que en vez de haber visto mejorados sus números, tuvo un recorte del veinte por ciento. (En 2018 el presupuesto de Santa Cruz era de $ 26.914 millones y en 2019 fue de $ 21.811. Sumado inflación, la pérdida fue de arriba del 40%).

Es importante recordar el contexto: a todas las provincias le retaceaban la asistencia financiera en medio de un fuerte ajuste, recortes y eliminación de programas y de beneficios impositivos, por lo que se las empujó a tomar deuda en dólares. Incluso ahí, de la mano de la oposición local, Santa Cruz se vio impedida de seguir ese camino en la sesión del 23 de junio de 2016, motorizada por algunos gremios, Roxana Reyes y Daniel Gardonio en sus bancas, lo que en definitiva, terminó siendo un favor para el gobierno, a juzgar por las consecuencias que esos endeudamientos tuvieron sin mirar más lejos, en la vecina Chubut.

La provincia estaba ahogada financieramente pero además acarreando una crisis social a partir de casi dos mil despedidos de la construcción gracias a la paralización de su obra pública. Ya en el verano de 2016 el plan se puso en marcha con el cese de pagos a Austral Construcciones y la posterior desadjudicación de 24 obras a pedido de la gobernadora ante los cortes de ruta y reclamos de los obreros.

Eso, más la frase del propio Lázaro Báez diciendo en el Hotel Patagonia y para todo el país que en el kirchnerismo “me usaron de forro”, fueron suficientes elementos de prueba para que la narrativa de dos partes involucradas en algo ilegal que ahora se desconocían, cobrara fuerza. Los medios hablaban de Lázaro Báez como “el primer arrepentido”. A él le seguiría un desfile de declaraciones mediáticas que en la Justicia, hasta acá, no se sostuvieron.

Para entonces, Javier Iguacel había sido designado al frente de Vialidad Nacional y reconocido por él, lo primero que hizo fue “hacer auditorías en varias provincias, pero pusimos énfasis en Santa Cruz. Está claro que durante el kirchnerismo la corrupción en la obra pública fue estructural”, aseguró.

Pero si hay un argumento de pedregullo que se repitió hasta el cansancio y penetró fuerte en buena parte de la población fue que se dijera que a Lázaro Báez se le habían pagado todas las obras antes de que el kirchnerismo dejara el poder.

Eso, claro está, tuvo mucho más impacto que saber que cuando Iguacel llegó al distrito santacruceño de Vialidad en un patrullero, obligó a la abogada y luego diputada Laura Hindie a firmar un escrito que dijera que se le había pagado. “No lo corroboré, me obligaron a firmar”, declararía luego ella en el juicio.

La instalación del discurso demonizante fue tan potente que poco importaron los obradores vacíos y robados, las obras paralizadas, el abandono total a la provincia.

Pero más allá de los detalles, la idea de que tres gobiernos consecutivos, los de 2003 a 2015 fueron una asociación ilícita hacen las veces de un parangón con lo que dicen de Santa Cruz: no sólo no vale nada el voto popular, sino que además, en esta provincia todos los organismos que participan del contralor y puesta en marcha de la obra pública (IDUV, Tribunal de Cuentas, Vialidad, Legislatura, el Ejecutivo, municipios) son deficientes, corruptos. Todos hicieron la vista gorda.

Corrupción estructural, feudo o Santa Cruz como la “minivenezuela” fueron frases recurrentes de todo el dispositivo de demonización.

En mayo de 2017, Macri comparó por primera vez a Santa Cruz con el país de Maduro. Fue en un medio español cuando dijo que “un ejemplo de lo que hubiera pasado si continuaban esas políticas es lo que está viviendo Santa Cruz, donde se gobernó de esa manera por más de 20 años”.

La diatriba no medía consecuencias ni atendía al costo de enfrentar argentinos contra argentinos. Por eso, para generar más enojo inventaron uno de los mayores blefs del odio: “Veredas calentitas”. Desde los medios nacionales instalaron la idea que acá abundaban las veredas calefaccionadas, mediante el sistema de losa radiante. El momento fue más que oportuno porque entonces el macrismo quería recortar el subsidio al gas.

El que primero puso al aire el informe fue A24 donde el periodista Eduardo Feinmann aseguraba que en Río Gallegos las veredas tenían calefacción a costa del consumo de gas exorbitante que pagan todos y todas. A esto se sumaron otros medios como Telefé que pusieron en pantalla el tema y tras cartón, el broche de oro: Macri en cadena nacional: “Vimos en televisión hace pocos días las imágenes de veredas con calefacción en Santa Cruz. Entonces ahí tenemos mucho para mejorar. Si reducimos el consumo, siendo tan inteligentes, tan solidarios vamos a ahorrar en nuestras facturas”. Brillante.

Claro que los subsidios se eliminaron y en Santa Cruz, Alicia respondió a eso creando dos programas que subsidiaron las boletas de quienes veían cómo les arrancaban los medidores con cinco grados bajo cero.

Fueron muchos relatos mentirosos que ocuparon horas y horas de televisión hasta en programas de espectáculos que mantenían la pantalla caliente con otra obra magistral: un fiscal se pone su campera de invierno y viaja contra todo pronóstico hacia el fin del continente para buscar los dólares de la corrupción que están enterrados. La obra se bautizó como “la Ruta de dinero K”.

Los allanamientos de Guillermo Marijuán se extendieron por días, y no sólo involucraron viviendas de Lázaro Báez y sus hijos, sino campos, espacios delimitados en el medio de la nada donde se creía que iban a aparecer cofres con dinero. Bóvedas.

Alrededor de las máquinas, tres perros enviados por la Afip husmeaban tratando de encontrar algún tesoro oculto. El propio fiscal manifestó al inicio su cautela respecto al posible hallazgo de billetes físicos. La riqueza mal habida que se pudo haber conseguido con un ilícito no necesariamente tiene que estar en efectivo”, decía Marijuán, abriendo el paraguas ante los micrófonos de TN.

Se había allanado la Municipalidad de Río Gallegos en otra causa vinculada a investigar el mausoleo donde descansan los restos de Néstor Kirchner. La idea de las bóvedas les resultaba fascinante. Santa Cruz era una tierra de corrupción donde hasta la muerte del primer santacruceño que fue presidente estaba bajo sospecha. Hasta eso.

Y mientras esto pasaba, el mundo conocía que los Panamá Papers involucraban al presidente Macri, pero el caso no tenía rebote. Sucedería lo mismo con los Pandora unos años más tarde. “Entiendo que debe ser muy duro para ustedes ver las imágenes de lo que está pasando con Lázaro Báez, expliquen primero lo suyo y después demanden con la hipocresía que hacen”, fue la respuesta del jefe de Gabinete Marcos Peña cuando la bancada peronista le recriminó al gobierno que diera explicaciones del fenomenal lavado de activos. Para eso no había lugar, el teatro de operaciones era el poder central y apuntaba todos sus cañones a Santa Cruz.

Discurso de odio/violencia

El 20 de abril de 2017, en horas de la tarde, comenzó a correr el rumor de que la expresidenta estaba junto a su cuñada en la residencia Oficial. Rápidamente gremios convocaron a una protesta en los portones, mientras que en redes sociales se llamaba al caos.

Hubo un mensaje en particular que forma parte del expediente que derivó en el procesamiento de quienes cruzaron los jardines, y es el de Fabian Velázquez que directamente convocó a matar.

A las 18:38 de ese día, se conectó a Facebook desde su cuenta Fabian.velasquez.589 y escribió: “Vaaamoo a quemar la casa de Alicia con Cristina y todo adentrolleven nafta!!!! Se pudre todo waacho () muuuuertee maaaldad!!!”.

Adentro estaban además de la gobernadora y la expresidenta, su nieta de pocos meses y las mujeres que trabajan en la Residencia. Los manifestantes arremetieron a piedrazos contra los vidrios y los techos, mientras que un grupo forzaba la puerta para tirarla abajo. ¿Querían dialogar? ¿Qué distancia hay entre eso y un gatillo en la cara? Todo esto, claro, ante la casual visita de los móviles de TN que transmitían en vivo la escena.

En su libro, “Sinceramente”, la expresidenta Fernández escribió que “nunca había sufrido un grado de violencia como el que desataron durante esa madrugada”, en uno de los capítulos que tituló “El Ataque”, en el que contó que la protesta de esa noche, por el pago de salarios en tiempo y forma, fue en realidad un intento de empujar a Alicia Kirchner a la renuncia, “cosa que el entonces diputado nacional de Cambiemos Eduardo Costa -después de perder las elecciones como gobernador- venía fomentando”.

En septiembre de 2017, en pleno apogeo de la Ruta del dinero K, el juez Claudio Bonadío ordenó el allanamiento de la casa de Cristina en El Calafate. De nuevo, humillación, violencia y también robo, aunque esta vez de personas con uniforme.

A más de tres años de aquello, ningún documento ni elemento que se llevaron sirvió como prueba de nada en ninguna causa, pero eso es lo de menos. Ver a la dos veces presidenta por el voto popular, allanada y humillada, expuesta en su intimidad en todos los canales de televisión, fue un golpe de efecto certero.

Tal vez resulte exagerado y no quieran tomar dimensión de la construcción de este contexto de ataque permanente, sistemático. Esta periodista vuelve con la idea original. Tenían a un expresidente fallecido y a una expresidenta con dos mandatos encima que se fue con una imagen positiva como pocas veces sucedió en la historia de la Argentina. Tenían decenas de ministerios y expedientes por investigar y denunciar. ¿Por qué hizo falta remitir la centralidad de la corrupción en Santa Cruz?

Y a juzgar por lo que se vio, podríamos decir que por dos cosas, una porque como lo que se denunció no se pudo probar- al menos hasta acá- utilizaron voceros y voceras que instalaron esta idea de yo los conozco”, “yo lo vi”. Y ahí aparecieron actores y actoras de la política local que sirvieron para tejer la narrativa. Pero por sobre todas las cosas, como se marcó más arriba, porque estos sectores tienen un enorme desconocimiento y descreimiento de lo que significa la Patria, el federalismo y entonces resultaba ideológicamente sencillo ubicar el origen de lo oscuro, lo sucio, allá, lejos, porque... ¿Santa Cruz? ¿a quién le importa?

¿Hubiese sido igual la historia si en vez de salir de esta provincia, Néstor y Cristina eran cordobeses o santafesinos? Pienso que no. Se partió entonces de la base de un fenomenal acto de discriminación, de odio.

Si bien el contexto de empobrecimiento de la clase trabajadora fue homogéneo con la alianza neoliberal, en Santa Cruz hay que recordar cómo también la impactaron puntualmente los despidos en YCRT y en el petróleo.

Este último llegó de la mano de YPF, una enorme traición política si se tiene que cuenta que fue esta provincia junto con Chubut, la punta de lanza para su re estatización con aquel histórico acto en Ramón Santos.

Sí, en tiempos de Macri, YPF le pidió al Gobierno Nacional que le habilitara ochenta gendarmes para frenar las protestas del tendal de desocupados que estaba dejando.

YCRT es una historia ampliamente contada por La Opinión Austral. De nuevo, un relato mentiroso sobre un proyecto que no sería viable, o mejor dicho, que quisieron instalar que sólo servía para robar. Miles de trabajadores en la calle, un pueblo que se puso de pie y una Intervención que terminó con un procesamiento por malversación de fondos.

Nadie pidió perdón, y así como con el cambio de gobierno se recuperó la obra de la megausina que está poniendo energía en el interconectado, también hace poco la gobernadora y el presidente de YPF, Pablo González, santacruceño además, firmaron un acuerdo que reconoce la caída de la inversión que deliberadamente hizo la empresa en el cuaternio macrista.

Eso también es justicia social.

¿El último acto?

Para cuando este diario contó en exclusiva que no había dólares termosellados involucrados en el caso que investiga la desaparición de Marcela López, el juicio “Vialidad” ya había comenzado.

En diciembre del año pasado, la Justicia federal archivó la causa que había sido impulsada por las diputadas nacionales Mariana Zuvic y Paula Oliveto, que aprovecharon lo que aseguró ver el perito falso Marcos Herrero para involucrar a Cristina Fernández de Kirchner en el presunto hallazgo de dólares termosellados que, tal como contó La Opinión Austral, resultaron ser de imitación adentro de una caja del juego El estanciero.

Fue el último gran bochorno en la embestida contra esta provincia del sur. Un peritrucho, ahora procesado por plantar evidencia falsa en diferentes causas, que dijo haber visto esos dólares de la “corrupción K” en un galpón, y dos legisladoras de derecha corriendo a los tribunales de Comodoro Py para llenar horas de pantalla y letras de molde en la previa de las PASO.

Nada era cierto. Nada. Y se probó, por eso se archivó la causa de Zuvic y Oliveto.

No sólo fueron las decisiones políticas del gobierno anterior con asfixia económica las que viciaron el aire en esta provincia, porque enumerar todas las maniobras que se ejecutaron mirando con desprecio al sur, también tiene una dimensión en el lenguaje, aquello que se tejió discursivamente para tensionar el clima social y viciar el aire que respiramos todos y todas.

El problema en Santa Cruz no es que falta plata, sobran ladrones”, dijo la parlamentaria del Mercosur Mariana Zuvic, de la Coalición Cívica, que hizo campaña junto a Pepín Rodríguez Simón, todavía prófugo de la Justicia, para justificar el ataque a la residencia oficial. Sus dichos en prime time forman parte de ese entramado de relatos que hablan de una provincia en donde los derechos y libertades son anuladas por un poder fáctico.

Eduardo Costa, cuatro veces candidato a gobernador por Cambiemos, espacio que usó mejor que ningún otro la Ley de Lemas, no se cansa de promover una Santa Cruz “libre donde todos puedan decir lo que piensan”.

¿Por qué estas aseveraciones no ofenden a nadie?

“Nos encontramos con vecinos llenos de miedos que nos contaron la situación crítica que están viviendo pero que nos pidieron que por favor no publiquemos sus fotos por temor a perder su trabajo y porque son víctimas de constantes amenazas”. ¿Eso es Santa Cruz? ¿En serio?

No fue hace mucho que la exministra de Seguridad del gobierno de la alianza Cambiemos, Patricia Bullrich, llegó a El Calafate para la presentación de su libro, acompañada por la diputada nacional Roxana Reyes, quien al hacer uso de la palabra utilizó los clásicos términos de la diatriba antikirchnerista para referirse a Santa Cruz como a un “feudo”.

Ahí la integrante del PRO, el partido que defiende a los detenidos por el intento de fusilamiento de la vicepresidenta, dijo que había elegido esa localidad “porque pensamos que un símbolo de las cosas que hay que cambiar en el país respecto al uso del dinero público”.

Reyes no se quedó atrás y mencionó que “Formosa y Santa Cruz son zonas liberadas, caldo de cultivo para la corrupción, la trata de personas y el narcotráfico”. En serio, ¿no es demasiado? ¿Hasta cuándo?

Y no se trata de no decir lo que se piensa sobre la provincia que habitan, sino de que, en qué momento podemos pensar en construir sentido de pertenencia si no se tiene el mínimo respeto por una provincia históricamente relegada y que aún así recibió de brazos abiertos a varias generaciones.

Los santacruceños y santacruceñas no merecemos estos discursos ni todo ese odio.

Por eso, mientras asistimos a la etapa final del juicio por las 51 obras que se debían llevar adelante en esta provincia y en muchos casos fueron paralizadas, es importante mirar este proceso histórico con ojos santacruceños. Se trata de la vicepresidenta de la Nación, acusada de ser la jefa de una asociación ilícita, sí, pero también se trata de cómo se demonizó a esta provincia para decir que el voto popular depositado en tres mandatos constitucionales no vale nada.

Lo que se pone en juego con esta sentencia, al igual que con la muerte de Cristina, es la Democracia. Y para estar hoy en este brete, tuvieron que denigrar a Santa Cruz y mostrarla como un mal ejemplo al resto del país. Que quede claro que así nos ven

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