Una de las máximas de Internet es que nada es lo que parece. Y eso comenzó gracias a herramientas como Photoshop, que permitían colocar la cara de una persona en el cuerpo de otra. Ahora, eso ya queda obsoleto frente a los deep fakes, en donde se editan videos hasta que sea imposible diferenciar la realidad de la ficción. Es normal verlo en TikTok, donde Chris Ume se divierte con un Tom Cruise falso; en la política, donde se ponen palabras en bocas de políticos que nunca las dijeron, y hasta en publicidades del mundial, donde los jugadores de la Selección cantan canciones de cara a Qatar 2022. Y aunque muchos se divierten, otros se asustan: ¿qué impacto puede tener eso en la sociedad?

Muchos empresarios ya vislumbran un futuro de "hiperrealidad", donde desayunar con alguien al otro lado del mundo sea alrededor de una mesa y no en una videollamada. Diversión y entretenimiento, sí, pero también una garantía de interacciones sin que parezcan mediadas por una pantalla. Sin embargo, eso asusta a muchos expertos, que ya alertan por un mundo donde todo, incluso los videos, pueden ser manipulados por casi cualquier persona que quiera. 

Adobe está al tanto de la complejidad del asunto. La empresa, una de las pioneras en edición de fotos y videos, atraviesa actualmente un proceso de rediseño de arriba a abajo de su combinación de productos utilizando inteligencia artificial y técnicas de deep learning. Así, quiere acabar con uno de sus grandes dolores de cabeza: los deep fakes. 

Los deepfakes pueden llegar a confundir, como en el caso de Jim Carrey y Jack Nicholson

"Muy pronto, debido a que la IA puede ser más poderosa que la edición humana, no se podrá distinguir la realidad de la ficción ni la realidad de la realidad artificial", alertó el director ejecutivo de Adobe, Shantanu Narayen, a Forbes. “Deberíamos estar preocupados. Sigo la tecnología todos los días y estoy preocupado”, declaró por su parte Subbarao Kambhampati, profesor de la Escuela de Computación e IA de la Universidad Estatal de Arizona al Washington Post.

El combate que se viene

Desde que lanzó sus primeros productos de edición —Photoshop (1990), Illustrator (1987), Premiere Pro (2003)—, Adobe fue agregando herramientas para mejorar la modificación de fotos y videos a tal punto que fuera difícil distinguir qué es real y qué no.

Entre ellas está Adobe Sensei, un conjunto de funciones que, entre otras cosas, permite a los usuarios eliminar objetos no deseados de las secuencias de video, suavizar el tono de la piel, alterar la expresión facial y cambiar el tono de voz con gran facilidad. Como Canva le venía ganando el mercado de los ilustradores no profesionales, sacó Creative Cloud Express, una nueva aplicación, incluso más económica, dirigida a usuarios amateur, desde estudiantes hasta influencers.

Adobe se reinventó con el "AI First", una iniciativa que permite ahorrar horas en edición gracias a la inteligencia artificial y deep learning. Con un solo clic, por ejemplo, el cielo puede cambiar de celeste a gris. La modificación de fotos y videos es cada vez más fácil.

"Solo están contando la mitad de la historia, la de que usas tu propia imagen”, opinó Hany Farid, profesor de la Universidad de California en Berkeley y experto en falsificaciones profundas, en diálogo con el Post. “El otro lado es otra persona que lo usa para defraudar, difundir desinformación e interrumpir la sociedad. Y hay que preguntarse si vale la pena poder moverse un poco más en Zoom”.

¿Cómo diferenciar la realidad de la ficción?

La autenticidad, entonces, será el antídoto para la epidemia que se viene. Por eso, Adobe lanzó hace tres años algo llamado Iniciativa de autenticidad de contenido con un puñado de socios de la industria de tecnología y medios, entre ellos Microsoft e Intel.

Es una iniciativa que creció hasta abarcar más de 700 empresas, con eventos globales para publicitar el impulso por la "procedencia", como lo llama Narayen, en los que los diseñadores y consumidores de contenido pueden, si así lo desean, crear un rastro digital que muestre quién es responsable de un video o imagen determinado y cualquier cambio que haya sufrido.

Antes de eso, ya estaba Digital Experience, lanzado en 2012, que son servicios que Adobe proporciona a las empresas mediante el análisis de las "huellas digitales" de sus clientes, es decir, el seguimiento del comportamiento de las personas en línea, decir cuánto tiempo pasan en una página web específica y qué productos ven.

Adobe apunta a la autenticidad

La apuesta por la autenticidad del contenido es la apuesta de ahora, por lo que Adobe también somete sus nuevas funciones y productos a rigurosas revisiones éticas, un proceso que a veces impide que el trabajo de los equipos de ingeniería de Adobe se haga público.

Sin embargo, el veredicto siempre quedará en los usuarios. Son ellos quienes deben buscar la verdad con las herramientas disponibles en Internet. “También tienen esa responsabilidad, no diferente de cualquier otra responsabilidad que tenga un consumidor: asegurarse de que esté protegido”, consideró Narayen.

El mundo, entonces, puede terminar en uno de dos lugares: "O ya nadie confía en nada de lo que ven, o necesitamos un elaborado sistema de autenticación para que lo hagan", pronosticó Kambhampati al Post. “Espero que sea el segundo”, dijo, y luego agregó, “no es que eso parezca tan bueno, tampoco”.