Una de las películas más esperadas de 2022 (especialmente por el sistema internacional de exhibición) es Avatar: el camino del agua. Es la secuela de Avatar, el filme (todavía, aunque sin ajustar por inflación) más taquillero de la historia, también dirigido por James Cameron. La cinta tiene un presupuesto declarado de USD250 millones, pero nadie sabe realmente cuánto costó. Su producción fue tan cara que para recuperar todo lo que gastaron, necesitaría ser una de las películas más vistas de la historia.

En todo caso, Cameron dirigió más de una vez la "película más cara de la historia": marcó récords con Terminator 2, Mentiras verdaderas y Titanic. Quizás sea el único realizador que actualmente puede bancar ese peso.

Ahora, según Variety, Cameron dijo a los ejecutivos de Disney y 20th Century Studios que el presupuesto de su secuela era tan elevado que representaba "el peor caso comercial de la historia del cine". Según las estimaciones del director, "tienes que ser la tercera o cuarta película más taquillera de la historia. Ese es tu umbral. Ese es tu punto de equilibrio".

Pero es un problema para sus productores. Avatar se estrenó en 2009 (es decir, hace 13 años) y aún es la película que más recaudó en la historia (cerca de USD3.000 millones a nivel mundial). Pero para que el filme funcione en el actual panorama del negocio, seriamente herido por la pandemia de 2020 y por la guerra del streaming (que hoy, además, hiere al propio streaming), el propio Cameron y los ejecutivos de Disney, actuales dueños de la franquicia, calculan que debería superar la barrera de los USD2.000 millones de recaudación global.

Complicaciones

No es seguro que la película pueda hacer dinero (o estrenarse) en el mercado chino. La primera hizo muchísimo dinero allí y se convirtió en un fenómeno cultural, pero las tensiones entre ese país y Estados Unidos, los problemas que tuvo Disney para estrenar algo en China en los últimos dos años (ninguna de las películas de Marvel pudo entrar por excusas políticas o referencias al amor entre personas del mismo sexo) y el giro de los asiáticos hacia el nacionalismo hacen difícil saber si ese mercado estará abierto para Cameron.

La segunda parte de Avatar llega a los cines en diciembre.

El otro problema es Rusia, un mercado grande (pero no tanto como China) que está cerrado y en donde Avatar superó los USD100 millones de recaudación en 2010. Sin embargo, estos son problemas menores respecto de otros: saber si el interés en ese mundo que era nuevo en la primera década de este siglo volverá a atraer al público, más aún cuando las películas hipergigantes son norma absoluta en el cine. La cuestión, pues, es si la marca todavía tiene atractivo.

Muy pocas películas cruzaron el umbral de los 2 millones de dólares: además de TItanic con 2.1 billones de dólares, también se encuentra Avengers Endgame con 2.7 milllones, Avengers Infinity War con 2.5 billones, Star Wars: el despertar de la fuerza con 2.7 billones, y la primera entrega de Avatar.

Hollywood está nervioso: el triunfo o el fracaso de la apuesta de Cameron demostrarán, en gran medida, si hay un futuro para la exhibición en salas. Pero también qué futuro y qué tamaño habrá de tener el sistema.

Como se sabe, las películas sin efectos especiales tienen muchos problemas para generar números negros y esto implica que solo el gran espectáculo tiene una oportunidad. Pero si la película más cara del mundo no lo logra, ¿qué se tendrá que replantear? ¿Se hará solo desde la exhibición o también desde la producción? Es un momento interesante (y peligroso) para el futuro de lo que solíamos llamar "cine".