La constante de suba de tasas por parte de los principales bancos del mundo para intentar frenar la espiral inflacionaria podría poner en aprietos a América Latina, que ya viene sorteando las peligrosas olas de la pandemia y la guerra en Ucrania.

Así lo aseguran especialistas del Fondo Monetario Internacional ( FMI) que señalan que si bien hasta el momento el ímpetu del crecimiento regional viene siendo positivo, reflejando el retorno de los sectores de servicios y el empleo a los niveles previos a la pandemia, sumado a condiciones externas favorables —precios altos de las materias primas, demanda externa y remesas sólidas, y repunte del turismo- esta situación puede cambiar debido a las decisiones de la banca internacional.

Y esto debido a que el financiamiento es cada vez más escaso y caro, a raíz del progresivo aumento en los últimos meses de las tasas de interés por parte de los bancos centrales, en un intento por controlar la inflación. Con esas movidas, los flujos de capitales a los mercados emergentes están desacelerándose y los costos de financiamiento externo, aumentando, señalan los especialistas del WEF.

Como derivación, las tasas de interés internas en los mercados emergentes también están aumentando, debido a la mencionada suba de tasas por parte de los bancos centrales para combatir la inflación, pero también a la reducción del apetito de los inversionistas por activos de mayor riesgo, lo que suele ocurrir en contextos en los que se prefiere el fly to quality, es decir, el traspaso a inversiones más seguras.

En América Latina, se prevé que estos factores lleven casi inevitablemente a una desaceleración de la actividad, ya que los costos de financiamiento más elevados serán un lastre para el crédito interno, el consumo privado y la inversión, señala el informe publicado en la página del Foro Económico Mundial ( WEF, por sus siglas en inglés).

Efecto dominó

A comienzos del 2022, el incremento de los precios de las materias primas y el crecimiento sólido contribuyeron a compensar los efectos de las condiciones globales de financiamiento más restrictivas, ya que los inversores se vieron atraídos por una región que cuenta con grandes exportadores de materias primas, en un contexto de necesidades de alimentos y energía a escala mundial.

Pero las tasas de interés más elevadas están presionando a la baja los precios de las materias primas a medida que la economía mundial se desacelera, reduciendo así su efecto amortiguador y afectando las exportaciones, las remesas y el turismo en la región, que se van reduciendo.

La incertidumbre en torno a las tasas de interés globales y a si puede controlarse la inflación de manera ordenada —el denominado "aterrizaje suave" que buscan los tecnócratas de la Reserva Federal estadounidense— significa que también podría haber picos de volatilidad y de la mano de la conocida aversión al riesgo de  muchos inversores. En otras palabras, la transición a tasas de interés globales más elevadas no se concretaría sin turbulencias.

No obstante, la previsión de crecimiento para la región se elevó a 3,5%, desde 3% que se esperaba en julio, dicen los expertos del FMI en base a los resultados positivos luego de la primera mitad del año.

Pero, con vientos cambiantes hacia adelante, se prevé que el crecimiento se desacelerará el próximo año con mayor rapidez de lo proyectado en julio, hasta 1,7 por ciento.

Inflación

Los exportadores de materias primas —entre ellos varios países de América del Sur, México y algunas economías del Caribe— verían reducidas a la mitad sus tasas de crecimiento para el próximo año, ya que la disminución de los precios de las materias primas amplificaría el impacto de las mayores tasas.

Pero el riesgo principal para América Latina y el Caribe sigue siendo, al igual que para muchos otros países, la persistente inflación alta.

La rápida respuesta de los principales bancos centrales de la región, por ejemplo el de Brasil, que aumentaron las tasas de interés antes que otras economías avanzadas y de mercados emergentes, contribuirá a reducir la inflación, pero llevará tiempo, ya que la política monetaria tiene que moderar la demanda interna para ejercer presión a la baja sobre los precios.

Además, las presiones sobre los precios se han ampliado recientemente, afectando a los artículos de las canastas de consumo que van más allá de los alimentos y la energía. Este ha sido el caso en Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, donde la inflación alcanzó recientemente el 10%, el máximo en dos décadas, lo que llevó a elevar las previsiones de inflación. Los aumentos de precios en esos cinco países serán aproximadamente de 7,8% para fines de 2022, mientras que para el 2023 estarán alrededor de 4,9%, todavía por encima de las bandas de tolerancia de los bancos en la mayoría de los casos.

Recomendaciones

Pero siguen existiendo focos de vulnerabilidades. Por ejemplo, la deuda de las empresas ha crecido considerablemente en la última década, en especial fuera del sistema bancario. Y si bien los altos niveles de reservas internacionales y la fuerte credibilidad de los bancos centrales de la región contribuirán a mitigar el impacto de las condiciones financieras más restrictivas, los mayores costos de endeudamiento pondrán a prueba las finanzas públicas debido al aumento de los pagos de intereses, al tiempo que la deuda pública y las necesidades de financiamiento siguen siendo elevadas.

Los expertos recomiendan a los gobiernos de la región mantener la política monetaria y no relajarse prematuramente.

La política fiscal debe centrarse en recomponer el margen de maniobra disponible para la aplicación de políticas económicas, donde sea necesario. Esto exigirá reducir el gasto público, mejorar el diseño de los sistemas tributarios y fortalecer los marcos fiscales para lograr una disciplina sostenida.

Sin embargo, dadas las urgentes necesidades sociales de la región, las políticas para reducir la deuda y los déficits solo pueden ser eficaces y duraderas si son inclusivas, es decir, si protegen a los pobres.

Aun cuando exista margen de maniobra fiscal, la política fiscal también debe ir de la mano de la política monetaria y centrarse en apoyar a los grupos vulnerables, en especial mientras persista la inflación elevada y el crecimiento se debilite, pero sin estimular la demanda interna. Esto requerirá una calibración cuidadosa para compensar las medidas de gasto de protección a los pobres.