El Banco de Inglaterra realizó una drástica intervención para evitar un inminente desplome del mercado de bonos, prometiendo compras ilimitadas de títulos a largo plazo, como respuesta a las repercusiones negativas del plan económico anunciado por el gobierno de la primera ministra Lizz Truss.

De la mano de los coletazos de los planes de recorte de impuestos del Gobierno, que siguen afectando los precios de los activos del Reino Unido, el banco central había recibido advertencias de que las peticiones de garantías de hoy podrían obligar a los inversores a deshacerse de los bonos del Gobierno, lo que provocaría una fuerte caída, según la agencia Bloomberg.

El plan de compra de bonos a largo plazo en tramos diarios de hasta 5.000 millones de libras (5.300 millones de dólares) tuvo un efecto inmediato en el mercado de gilts, poniendo los rendimientos de la deuda a 30 años en camino de la mayor caída registrada. Previamente, los bonos tocaron el nivel más alto desde 1998.

El banco central advirtió que la disfunción continua amenazaría la estabilidad financiera e incluso dañaría la economía. También retrasó el inicio de su plan para comenzar a vender activamente sus tenencias existentes de bonos, que debía comenzar el lunes.

Prevención

El Banco de Inglaterra decidió intervenir para adelantarse a una posible crisis que podría haberse producido en cuestión de horas. Le preocupaba que los requisitos de garantía sobre las estrategias de inversión basadas en pasivos, como las de los fondos de pensiones, hubieran convertido a muchos en vendedores forzosos de gilts a largo plazo, según una persona familiarizada con la situación.

La petición de efectivo se habría producido esta tarde, convirtiendo el mercado en unilateral y arriesgándose a una caída precipitada. Los bancos de inversión y los gestores de fondos habían advertido al Gobierno en los últimos días del problema.

La evaluación inicial del anuncio del Banco de Inglaterra por parte de Bloomberg Economics fue de dos palabras contundentes: “Estaciones de pánico”.

La caída de los mercados de bonos se debe a la determinación del Gobierno de implementar el mayor paquete de recortes fiscales sin financiación en medio siglo, frente a la oposición generalizada de economistas e inversionistas. El Fondo Monetario Internacional instó a la primera ministra Liz Truss a reconsiderar el plan, y Moody’s Investors Service advirtió que podría amenazar la calificación crediticia del país.

Salvataje

La intervención del Banco de Inglaterra es en realidad una flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) indefinida, y contrasta con sus anteriores rondas de compras en las que los funcionarios fijaban un objetivo y un calendario probable. La compra de QE por parte del banco fue una de las políticas criticadas por Truss y sus partidarios durante la competencia por el reemplazo de Boris Johnson durante el verano boreal.

Aunque la QE es normalmente una operación monetaria, la medida fue recomendada por el Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, en medio de los temores de un “riesgo material” para la estabilidad financiera.

“Esto llevaría a un endurecimiento injustificado de las condiciones de financiación y a una reducción del flujo de crédito a la economía real”, dijo el banco. La compra se financiará con la creación de nuevas reservas.

“Las compras se llevarán a cabo en cualquier escala que sea necesaria para efectuar este resultado”, dijo el banco central, un lenguaje que recuerda a la promesa del expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, de 2012 de hacer “lo que sea necesario” para salvar el euro.