Las medidas económicas impulsadas durante su breve administración por la ex primera ministra del Reino Unido Liz Truss le costaron a la economía británica 30.000 millones de libras esterlinas (35.500 millones de dólares), o la mitad del actual agujero fiscal, según evaluaciones de Hacienda citadas por el instituto independiente de investigación Resolution Foundation.

La organización, citada por The Guardian, asegura que el daño sería aún mayor de no haber sido revocados los planes de la exjefa de Gobierno durante su corto mandato.

Los expertos de Resolution Foundation precisaron que de la cifra total, 20.000 millones de libras esterlinas se debieron a los recortes no financiados de los impuestos de sellos y de seguridad social, mientras los 10.000 millones restantes resultan del aumento de las tasas de interés y de costos de la deuda gubernamental a raíz de la reacción negativa de los mercados.

Más impuestos

Según el reporte, la otra mitad del agujero fiscal se debe a las inesperadas malas condiciones económicas que suponen una desaceleración y menores ingresos fiscales.

El canciller de Hacienda, Jeremy Hunt, tiene previsto anunciar el próximo jueves entre otras medidas una suba de impuestos, con el objetivo de compensar 25.000 millones de libras esterlinas, además de recortes de gastos departamentales por valor de 35.000 millones.

En gran parte, las medidas se efectuarán mediante el congelamiento de umbrales de una serie de gravámenes. Sin ajustar los umbrales a la tasa de inflación, la medida supone que una mayor cantidad de personas llegarán a pagar impuestos más altos.

Dimisión

Los recortes fiscales anunciados bajo Truss implicaban un enorme endeudamiento por parte del Gobierno. Se esperaba que Londres gastara 150.000 millones de libras esterlinas en subvencionar los costos energéticos de consumidores y empresas del país.

El programa provocó la caída de la moneda nacional, el alza del costo de la deuda pública y la suba de los tipos de interés por parte del Banco de Inglaterra.

Truss renunció tras 44 días como primera ministra, convirtiéndose en la mandataria británica con menos tiempo en el poder.