En los últimos meses, en distintas zonas del mundo vemos escenas que se repiten con cada vez mayor asiduidad y que se combinan con resultados funestos: olas de calor, incendios forestales, sequías prolongadas, pérdidas materiales y de vidas humanas, reducción de la biodiversidad, etcétera.

Entre estas imágenes diversas del calentamiento global que nos muestra el mundo, la que en los últimos tiempos vemos con más frecuencia tiene que ver con las sequías. Como ejemplo nos basta el del río Paraná el año pasado, cuando la histórica bajante dejó al descubierto parte del túnel subfluvial Hernandarias, que une las provincias de Sante Fe y Entre Ríos. Pero este no es un problema solamente argentino sino global, según vienen señalando distintos organismos.

Y es que desde el año 2000, el número y la duración de las sequías aumentó un 29%, según indica un informe de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD). Drought In Numbers, 2022 (Sequía en cifras, 2022). El documento es también categórico al decir que la humanidad se encuentra "en una encrucijada" cuando se trata de gestionar la sequía, y que se debe acelerar la mitigación "urgentemente, utilizando todas las herramientas que podamos".

No por nada ya contamos en el calendario universal con un Día de la Sequía, el 17 de junio, para la ONU marca sin duda un llamamiento urgente "a asumir un compromiso global total con la preparación y la resiliencia ante la sequía en todos los países del mundo".

Volviendo al informe de la UNCCD, muestra una serie de hechos y datos variados e irrefutables: más de 1.400 millones de personas se vieron afectadas por la sequía entre 2000 y 2019. Esto convierte a este fenómeno meteorológico en el desastre natural que afecta al segundo mayor número de personas, después de las inundaciones.

"Todos los hechos y cifras de esta publicación apuntan en la misma dirección: una trayectoria ascendente en la duración de las sequías y la gravedad de los impactos, que no solo afectan a las sociedades humanas sino también a los sistemas ecológicos de los que depende la supervivencia de toda la vida, incluida la de nuestra propia especie", dijo Ibrahim Thiaw, Secretario Ejecutivo de la UNCCD, consultado por medios internacionales.

Cifras elocuentes

Además de alertar sobre el aumento del 29% de las sequías y su duración, el documento revela que entre 1970 y 2019, los peligros meteorológicos, climáticos e hídricos representaron el 50% de los desastres y el 45% de las muertes relacionadas con desastres, principalmente en los llamados países en vías de desarrollo. En ese contexto, la UNCCD dice que aunque las sequías representan sólo el 15% de los desastres naturales, son las que provocan el mayor número de víctimas humanas, aproximadamente 650.000 muertes en el período mencionado.

No sólo eso, sino que también advierte sobre la importancia de las pérdidas económicas: entre 1998 y 2017, las sequías causaron pérdidas monetarias mundiales por aproximadamente 124.000 millones de dólares.

"Estamos en una encrucijada", resaltó Thiaw, que agregó que "necesitamos orientarnos hacia las soluciones en lugar de continuar con acciones destructivas, creyendo que un cambio marginal puede curar la falla sistémica".

Se calcula que en las próximas décadas, 129 países experimentarán un aumento en la exposición a la sequía principalmente debida solo al cambio climático; en tanto otros 23 tendrán falta de agua debido al crecimiento de la población y 38 debido a la interacción entre el cambio climático y el crecimiento de la población. Si el calentamiento global alcanza los 3 grados centígrados para 2100, como predicen algunos, las pérdidas por sequía podrían ser cinco veces mayores que las actuales, con el mayor aumento en las regiones mediterránea y atlántica de Europa.

Cambios

Desde la ONU advierten que si no se comienza a actuar para combatir la sequía, para 2030 se estima que unos 700 millones de personas correrán el riesgo de ser desplazadas por la sequía, mientras que para el 2040 uno de cada cuatro niños vivirá en áreas con escasez extrema de agua. Finalmente para 2050, las sequías podrían afectar a más de las tres cuartas partes de la población mundial.

A estas previsiones debemos sumar que se espera que entre 4.800 y 5.700 millones de personas vivirán en áreas con escasez de agua durante al menos un mes cada año, frente a los 3.600 millones actuales. También para el 2050, hasta 216 millones de personas podrían verse obligadas a emigrar, en gran parte debido a la combinación de sequía con otros factores, como la escasez de agua, la disminución de la productividad de los cultivos, el aumento del nivel del mar y la sobrepoblación.

El experto autor del informe considera que "una de las mejores y más completas soluciones es la restauración de la tierra, que aborda muchos de los factores subyacentes de los ciclos degradados del agua y la pérdida de fertilidad del suelo. Debemos construir y reconstruir mejor nuestros paisajes, imitando la naturaleza siempre que sea posible y creando sistemas ecológicos funcionales".

Propuestas

Algunas de las necesidades planteadas en el documento son: políticas concertadas y asociaciones a todos los niveles (gubernamental, empresarial y personal), así como desarrollo e implementación de planes de acción integrados contra la sequía. Se enfatiza la necesidad de técnicas de gestión agrícola sostenibles y eficientes que produzcan más alimentos en menos tierra y con menos agua. Así como cambios a nivel personal con los alimentos, forrajes y fibras, en búsqueda de dietas basadas en plantas para reducir o eliminar el consumo de animales.

En cuánto a la tecnología, la UNCCD afirma que se necesitan establecer sistemas efectivos de alerta temprana que funcionen más allá de las fronteras y un despliegue de nuevas tecnologías. Sugiere monitoreo satelital e inteligencia artificial para guiar las decisiones con mayor precisión. También pide supervisión e informes periódicos para garantizar la mejora continua en manejo de sequías.

El organismo concluye que para conseguir soluciones para estos problemas cada vez más acuciantes es necesario incluir y movilizar a los agricultores, las comunidades locales, las empresas, los consumidores, los inversores, los emprendedores y, sobre todo, a los jóvenes.