La dirigente de ultraderecha Giorgia Meloni, quien todo indica será la primera mujer en convertirse en premier de Italia, comenzó su militancia con apenas 15 años y a los 19 reivindicaba públicamente al creador del fascismo, Benito Mussolini, a quien calificó "de buen político que todo lo que hizo fue para Italia". 

El punto de inflexión en la larga carrera política de Meloni (Roma, 1977) ocurrió en octubre de 2019, cuando ante miles de personas en la plaza de San Juan de Roma, feudo sindical, proclamó: "Soy Giorgia, soy mujer, madre, italiana y cristiana y no me lo quitarán", en un ataque directo a las leyes de diversidad sexual.

Dos muchachos tomaron su discurso, la mezclaron con música electrónica y, sin quererlo, la elevaron a ícono pop. Toda Italia bailaba y difundía aquel tema pegadizo.

Sus rivales, sostiene hace tiempo, son los "burócratas" de Bruselas, el colectivo LGBT o la "izquierda de salón", mientras admira a la Rusia de Vladimir Putin por compartir el "sistema de valores europeos, defender el cristianismo y combatir el fundamentalismo islámico", aunque promete "lealtad" a Occidente.

Su ideario lo aclaró para siempre en un acto electoral de Vox en Marbella (sur de España), cuando se presentó ante el mundo: "No hay mediaciones posibles, se dice sí o no. Sí a la familia natural, no al lobby LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islámica; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva".

Los inicios

Meloni se crió con su mamá Anna y su hermana mayor, Arianna, tras ser abandonadas por su padre. Vivieron en una zona medianamente acomodada de Roma hasta que el incendio de su departamento, las obligó a mudarse al barrio obrero de Garbatella, donde la joven Giorgia entró en contacto con la política, a la que dedicaría su vida de allí en más.

Con 15 años comenzó a militar en el Frente de la Juventud, la organización juvenil del antiguo Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por los últimos fascistas.

Giorgia Meloni

La muchacha, siempre contraria a celebrar el Día de la Liberación del nazifascismo por verlo "divisivo", inauguraba su militancia en el verano de 1992 mientras la Primera República italiana colapsaba bajo el peso de la corrupción y las bombas de la mafia.

En 1996 la joven, ya conocida por su dureza dialéctica, se alzaba como líder nacional de "Azione Studentesca", el movimiento juvenil de Alianza Nacional, nuevo rostro del MSI, con la que fue elegida consejera provincial en Roma.

Su ascenso fue meteórico, y a los 29 años llegó a la Cámara de Diputados, de la que fue vicepresidenta hasta 2008, cuando fue nombrada ministra de Juventud por el magnate de los medios y líder de la derecha italiana, Silvio Berlusconi.

Descontento

El ascenso definitivo coincidió con su presidencia, desde 2014, de Hermanos de Italia (Fratelli D´ Italia), los nuevos herederos del MSI, con los que consiguió conquistar la península.

En 2016 intentó ser alcaldesa de Roma, sin éxito, pero obtuvo gran popularidad haciendo campaña embarazada de su única hija.

Desde entonces su protagonismo fue en constante aumento, aunque en las elecciones de 2018 obtuvo apenas un 4% de los votos. Su éxito de ayer, en una elección nacional con abstención récord para la historia italiana, parece derivar directamente de la explotación del descontento popular con la pandemia y su papel como única opositora a la última coalición de unidad nacional liderada por el europeísta Mario Draghi.

Meloni no dudó en declarar su simpatía por el gobierno del ultranacionalista húngaro Viktor Orban o en presidir el Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos, el de la formación de la ultraderecha española Vox.