El conocimiento y la información son armas muy potentes porque permiten acceder a la verdad. Por eso, y lamentablemente, muchas figuras de poder buscan ocultar, sesgar o tergiversar situaciones para favorecer sus intereses. Y es cierto que, como si de una bola de nieve se tratase, cuando una persona miente, casi irremediablemente se ve arrastrada a seguir mintiendo para hacer de su discurso un relato más creíble. Nunca debemos llamar mentiroso a aquella persona que nos oculta algo, sino a quien, una vez que sale esa realidad a la luz, la niega. 

Una cosa es el sesgo natural que rodea la apreciación de los hechos y otra cosa muy diferente son los diferentes tipos de engaño que se utilizan con conocimiento e intención. Dijo Friedrich Nietzsche: “Todas las cosas están sujetas a interpretación; la interpretación que prevalezca en un momento dado es una función del poder y no de la verdad”. Los tipos de engaño, que son varios y que se implementan desde el poder, tienen la finalidad de tapar alguna verdad o imponer una determinada interpretación de los hechos. De hecho, en muchos ámbitos, se han llegado a construir verdades de la nada, con el único objetivo de ganar unas elecciones.

El subterfugio es uno de los tipos de engaño más utilizados en el marco del poder. Se define como un pretexto o excusa artificiosa que se emplea para no cumplir compromisos adquiridos. El objetivo suele ser el de burlar alguna norma legal, sin caer en la transgresión directa; o imponer ciertos intereses sin que esto se haga evidente. Por ejemplo, aunque la Constitución de un país prohíba la reelección del presidente, algunos emplean el subterfugio de presentarse de nuevo a las elecciones en otro cargo y, en la práctica, seguir ostentando el mismo poder.

Es claro que el poder guarda secretos legítimos, en función, sobre todo, de la seguridad nacional. Si se hiciera pública la información en este aspecto podría poner en riesgo vidas, patrimonio, soberanía o algún elemento que siempre tiene que ver con el bien colectivo. En cambio, cuando se utiliza el secreto como uno de los tipos de engaño, lo que hay es un control de las fuentes de información para que no llegue a la opinión pública un conocimiento o información que sí es de interés público. 

La propaganda puede convertirse en uno de los tipos de engaño usados desde el poder de varias maneras. La más cuestionable surge cuando premeditadamente se informa de manera sesgada para favorecer a un gobierno o figura pública de autoridad. A la población se le facilitan los hechos, pero también la interpretación que debe darles. Esto ocurre con frecuencia en los medios de comunicación que están aliados con un poder. Jamás se mencionan sus errores, acciones inadecuadas o fracasos.

En el caso de la propaganda hay medias verdades. Las noticias falsas, en cambio, son mentiras directas. Son difundidas desde ciertos centros de poder sin que estos aparezcan involucrados de forma directa con estas mentiras. En el mundo actual existen personas cuyo trabajo es el de inundar las redes sociales con noticias falsas. Lo más común es que busquen inclinar la interpretación de algunos hechos, abrir la puerta a teorías conspiratorias o lanzar rumores que dejan en muy mal lugar a los opositores frente a la opinión pública.

El término “bandera falsa” u operación de bandera falsa, originado durante la Primera Guerra Mundial, es otro de los tipos de engaño desde el poder. Durante la confrontación algunos barcos enarbolaban banderas de países neutrales para no ser atacados por el enemigo. Con el tiempo, esta expresión comenzó a utilizarse para designar todas aquellas situaciones en las que un grupo o bando “se disfraza” para llevar a cabo una acción negativa y luego le echa la culpa de la misma a sus contrarios. 

Quien conjuga la verdad con la falsedad, tarde o temprano evidencia la mentira completa. La mentira incompleta o la verdad a medias es la estrategia más familiar que vemos en casi todos nuestros contextos, en especial en las esferas de la política. “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”, afirmó Friedrich Nietzsche y tenía razón.

“Cuenta una leyenda que un día, la verdad y la mentira se cruzaron: -Hermoso día- dijo la mentira. -Hermoso día- contestó entonces la verdad.

-El lago está hermoso- dijo la mentira. -Cierto, está hermoso- dijo entonces la verdad.

Y la mentira, corriendo hacia el agua, dijo: -¡Vayamos al agua a nadar! La verdad se acercó con prudencia y decidió creer a la mentira.

Ambas se quitaron la ropa y se lanzaron al agua. La verdad y la mentira estuvieron nadando un buen rato hasta que la mentira salió y se puso la ropa de la verdad. La verdad, incapaz de ponerse la ropa de la mentira, comenzó a caminar desnuda por la calle y todos se horrorizaron de verla.

Así es cómo, desde entonces (y somos testigos de esta complicidad), muchas personas prefieren ver y creer a la mentira disfrazada de verdad que a la verdad al desnudo.”