En el partido de Moreno, emerge el barrio San Miguel, creado por vecinos con urgencia habitacional, y que encontraron allí un lugar en el cual poder asentar sus propias viviendas, con mucho esfuerzo y escasos recursos. Sin embargo, como en todo comienzo, carecen de los servicios más esenciales, y por lo tanto acudieron al Municipio con el afán de disponer de ellos. Pero hablando de disposición, la Intendencia no la tuvo ante los desamparados ciudadanos de su distrito.

Hace 5 años se gestó el barrio San Miguel, en Moreno, en una zona limítrofe con el partido de José C. Paz. Arribaron allí aquellos que ni siquiera podían afrontar un alquiler con sus propios medios, y encontraron un territorio extenso y despoblado, que les daba la posibilidad de construir sus casas. Fue entonces que las autoridades municipales “nos censaron y midieron las tierras”, señaló Idalina, una de las primeras residentes.

Los vecinos del barrio San Miguel de Moreno denuncian que viven junto a un basural.

Actualmente, conforman esta comunidad naciente unas 150 familias, que lentamente, pero a paso firme intentan consolidar al San Miguel, y convertirlo en un punto residencial reconocido por la gestión municipal. Sin embargo, “nunca más volvieron”, remarcó la mencionada vecina. Justamente la presencia de los responsables del distrito es ultra demandada y necesaria para los moradores de esta zona, dado que no cuentan con servicio eléctrico, de gas, ni agua potable, y mucho menos con un centro de salud cercano.

El más próximo implica un trayecto de 15 minutos en remís, sí en remís, dado que ningún transporte público transita por el barrio. Por lo tanto, sus habitantes deben caminar 15 cuadras para llegar a la primera parada de colectivos.

En la zona no hay ningún servicio.

Como resultado, ante tan extremo panorama, Idalina reconoció que “tenemos luz por conexiones clandestinas, y el agua por perforaciones en la tierra. Además, no hay recolección de residuos”. En este sentido, la mujer hizo referencia a otra odisea en el San Miguel, vinculada a la expansión de un basural, al cual también acuden los camiones municipales para descargar de desechos.

Por si fuera poco, la vecina reveló que sufrimos mucha inseguridad, hace poco mataron a un vecino nuestro porque le quisieron robar la moto. A mí me desvalijaron la casa el 6 de enero. Me llevaron hasta el documento”. No obstante, “vivo con mucho miedo, pero no tengo otro lugar donde ir, entonces mi única opción es aguantar acá y que sea lo que Dios quiera”.

A pesar de tantas urgencias, la mujer dejó en claro que desde el municipio “nunca más vinieron a hacer nada por el barrio. Estamos abandonados porque pasa algo, llamamos y no nos atiende nadie”. Un elocuente testimonio que refleja la inacción municipal frente a los ruegos de más de un centenar de familias.